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domingo, 30 de octubre de 2011

15. Soldados de Salamina. Javier Cercas

Sinópsis

En los últimos meses de la Guerra Civil española, un miliciano anónimo perdona la vida a un prófugo Sánchez Mazas, escritor e ideólogo falangista.
Un joven periodista topa por casualidad con una historia fascinante de la Guerra Civil española, y se propone reconstruirla. Cuando las tropas republicanas se retiran hacia la frontera francesa, camino del exilio, deciden fusilar a un grupo de presos franquistas, entre los que se encuentra Rafael Sánchez Mazas, fundador e ideólogo de Falange. En la confusión, Sánchez Mazas logra huir del fusilamiento colectivo, y logrará vivir emboscado hasta el final de la guerra, protegido por un grupo de campesinos de la región, aunque siempre recordará al miliciano de extraña mirada que, tras descubrirlo y encañonarlo, no lo delató. El narrador se propone desentrañar el secreto del enigmático Sánchez-Mazas, de su asombrosa aventura de guerra, pero sólo para acabar descubriendo, en un quiebro inesperado, que el significado de esta historia se encuentra donde menos podía esperarlo, «porque uno no encuentra lo que busca, sino lo que la realidad le entrega».




Edición recomendada 
Nº de páginas: 216 págs. 
Editorial: Tusquets
Lengua: Castellano
Encuadernación: Tapa blanda bolsillo 
ISBN: 9788483835012 
Año edicón: 2007 
Plaza de edición: Barcelona


El autor

Javier Cercas nació en Ibahernando (Cáceres) en 1962. Doctorado en Filología Hispánica, trabajó durante dos años en la Universidad de Illinois y en la actualidad es profesor de literatura española en la universidad de Gerona y columnista de El País. Es autor de cinco novelas, El móvil (1987, luego 2003), El inquilino (1989), El vientre de la ballena (1997), Soldados de Salamina (2001) y La velocidad de la luz (2005) que, traducidas en más de veinte países, lo han consagrado como el autor español de mayor proyección de la literatura española reciente y uno de los novelistas europeos más destacados de la actualidad.
oldados de Salamina, aclamada internacionalmente como una de las grandes novelas de los últimos tiempos, convocó, en un éxito sin precedentes, el aplauso de los lectoress (Premio Qué Leer, Premio Crisol), los libreros (Premil Llibreter, Premio Librería Cálamo), los escritores (Premio Salambó) y los críticos (The Independent Foreign Fiction Prize en Reino Unido, Premio Grizane Cavour en Italia, Premio de la Crítica de Chile, Premi Ciutat de Barcelona, Premio Ciudad de Cartagena, Premio Extremadura). Escritores como Mario Vargas Llosa, J. M. Coetzee, Doris Lessing o Susan Sontag han escrito con entusiasmo sobre esta obra, que, al decir de George Steiner, "debería convertirse en un clásico". Su adaptación cinematográfica corrió a cargo de David Trueba.
La velocidad de la luz vino a revalidar el éxito de su obra precedente y, elegido libro del año por La Vanguardia y Qué Leer, ha merecido el premio Arzobisp0 Juan de San Clemente, el Cartelera Turia y el Athens Prize for Literature.
Javier Cercas también ha escrito tres libros de artículos, crónicas y ensayos: Una buena temporada (1998), Relatos reales (2000) y La verdad de Agamenón (2006).


Entrevista a Javier Cercas a propósito de la obra

Entrevista de César Güemer · La Jornada, 1 de Julio de 2003
el escritor javier cercas prende fuego a su Nobel, la marca de cigarrillos que fuma. Viene casi del aeropuerto, de Italia, estará en la ciudad de México un par de días, volará a Tijuana y de ahí de nuevo a Europa para cumplir con sus cada vez más numerosos compromisos. Para ser uno de los autores más leídos en España, con una decena de premios por Soldados de Salamina y con una obra traducida a 13 idiomas, se toma las cosas con absoluta calma: ''Si ya no publico más, no pasa nada, me lo agradecerán los árboles de la Amazonia".
Da una calada al cigarro, toma un trago de agua, se dispone a responder no sin antes preguntar sobre lo más reciente que ocurre en México, como la extradición de Sérpico, y sentencia sin dogmatismo: ''Todos llevamos un Cavallo dentro". Este miércoles a las 19 horas estará junto con Elena Poniatowska y Germán Dehesa en el Centro Cultural de España (Guatemala 18, Centro Histórico), a fin de presentar Soldados de Salamina.
Nacido en Cáceres en 1962, Cercas escribió Relatos reales, El inquilino y El vientre de la ballena antes de que Soldados de Salamina lo sacara de lleno de su vida de catedrático. Al pasado, sobre el que se ocupa en la ya célebre novela, es necesario pasarlo a examen. Explica: ''El proceso que ha seguido España es peculiar y el país no es muy consciente de ello. A la muerte de Franco lo que todo el mundo esperaba era una guerra. El desafío era pasar, sin ese conflicto, de la dictadura a la democracia. La transición consistió en un pacto mediante el cual no se pedían cuentas a nadie. De esa forma todos miraban hacia delante con la idea de ser europeos y construir en paz a la nación. Pero esto me parece muy mal porque era necesario hacer cuentas y determinar qué había sucedido. Sin embargo, el método funcionó aunque a un costo muy alto: el olvido. Mientras la población buscó a toda costa ser posmoderna nunca resolvió su pasado inmediato".
-En el caso de Soldados de Salamina ocurre lo opuesto: el pasado actúa en el presente y prueba de ello es la cantidad de lectores que ha generado.
-Cuando apareció la novela me comentaron en la editorial que cuando mucho iba a ser leída sólo por 5 mil personas, todas mayores de 60 años. La realidad ha sido distinta y la sorpresa es que la novela es leída sobre todo por los jóvenes. Me parece claro que hay un nuevo interés por conocer lo que hemos sido. Hoy que ya no estamos hipotecados por lo que sucedió antes podemos asumir que algunos de nuestros antepasados fueron fascistas: es una dura realidad, pero no puede ignorarse como si no hubiera existido. Si hablo de asimilar al pasado lo incluyo todo: ahí está comprendido el hecho de que los republicanos cometieron atrocidades, lo mismo que el Partido Comunista, y que hubo un descontrol generalizado al inicio de la Guerra Civil. Eso no significa decir, como señala la moda de la derecha, que todos eran iguales. En términos históricos no hay duda de que hubo un golpe de Estado fascista contra un régimen elegido democráticamente. Ahora bien, hace falta señalar que tanto los llamados buenos como los llamados malos eran humanos. En la novela busqué entender a un fascista, ponerme en su piel y saber por qué actuó de cierta manera.
-Es una posición que costará lo suyo mantener.
-Es la posición de un escritor que busca entender y la mantendré aunque en Alemania alguien me llamó revisionista. Para mí es una obligación desentrañar por qué un país como Alemania, tan culto y refinado, de repente se convirtió en un infierno colectivo. No basta con decir que Hitler era un loco, sino que es indispensable entenderlo. Hay que saber por qué una persona común y corriente como mi abuelo se hizo fascista y por qué Hitler era la moda en su momento. Además, entenderlo sin prejuicios para de verdad no repetirlo. Por eso no vale el olvido ni la venda en los ojos. En Soldados de Salamina pretendí comprender y no juzgar, busqué humanizar al monstruo, porque el malvado no es un monstruo sino un hombre que un buen día comete una atrocidad.
-Parece que ésa es la condición humana.
-Desde luego, lo raro entre nosotros es la bondad. Si no hubiera ciertas reglas, todos acabaríamos siendo Cavallos. Nadie lleva dentro un San Francisco de Asís, nadie. Alguien logra parecérsele a partir de esfuerzo, pero la naturaleza humana tiende al mal. Cuando era muy joven leí una frase de Gide que decía: ''Con los buenos sentimientos no se puede hacer buena literatura, lo interesante es el mal". Para mí eso es como la Biblia y hoy entiendo que lo habitual en la vida cotidiana es el mal; el bien es el milagro, lo misterioso y lo enigmático.er lectores es un hecho casi perfecto.
-Además de los viajes de promoción de la novela o de su trato con los medios, ¿qué le cambió el buen recibimiento de Soldados de Salamina?
-Me gustaría responder que nada, pero no es cierto, la realidad es que muchas personas esperan mi próximo libro para cortarme literariamente el cuello y algunos más para leerme. He trabajado toda mi vida en la universidad, apenas tenía contacto con los círculos literarios, conocía sólo a dos o tres escritores y escribía porque no era capaz de hacer otra cosa.
''Giorgio Manganelli decía escribir porque no sabía atarse las agujetas de los zapatos. Eso mismo me sucede: no soy arquitecto ni fotógrafo. Si no escribiera quizá habría sido un asesino en serie. Jamás pensé en el reconocimiento, nunca participé en un premio literario. Tener lectores es un hecho maravilloso, casi perfecto. Existe la presión, claro, ¿pero qué voy a hacer?''
-¿Qué hace?
-Escribo igual que siempre, si decepciono a quienes esperan un libro mío parecido a Soldados de Salamina, pues ni hablar. No voy a complacer a todo el mundo. El deber conmigo mismo es escribir de manera distinta siempre, porque de otra manera no hay progreso.

sábado, 29 de octubre de 2011

14. Azul. Rubén Darío

Sinópsis
En esta obra fundamental para el desarrollo de la corriente modernista en el ámbito de las letras hispanas Darío aportó una nueva sensibilidad y una diferente concepción del arte, al tiempo que demostraba una extraordinaria capacidad para apropiarse y transformar en sustancia propia las influencias más variadas. Animada por una decidida voluntad de renovar la poesía castellana del momento, Azul…, que inició la renovación modernista que había de culminar en «Prosas profanas» (L 5325) y «Cantos de vida y esperanza» (L 5332), tuvo una rápida repercusión en los países de habla hispana y supuso un fortísimo estímulo para los escritores de la segunda generación del modernismo hispanoamericano. A cargo de Arturo Ramoneda, la presente edición incorpora textos que figuran en la primera de la obra (Valparaíso, 1888) pero que se suprimieron en las posteriores, así como los textos, en español y en francés, que Darío añadió en la segunda (Guatemala, 1890). Se completa además con un apéndice y una completa y esclarecedora introducción. 



Edición Recomendada 
Nº de páginas: 586 págs. 
Editorial: Universidad de Alcalá de Henarés
Lengua: Castellana
Encuadernación: Tapa blanda 
ISBN: 9788481387872 
Año edicón: 2008 
Plaza de edición: Alcalá de Henares


El autor
Félix Rubén García Sarmiento, conocido como Rubén Darío, Poeta, periodista y diplomático.Considerado por muchos eruditos como el Príncipe de las letras castellanas. Es el más sobresaliente de los poetas nicaragüenses. Nació en Metapa, hoy Ciudad Darío, en Matagalpa, Nicaragua el 18 de enero de 1867. A la edad de 14 años su abuela lo llevó a Managua, donde pronto se le conoció como erudito, escritor, y artista prodigio, que poseía una superdotada memoria, gozaba de una creatividad y retentiva genial. Era sólo un adolescente cuando ya leía a los poetas franceses, y era invitado a recitar poesía.A la edad de doce años, publicó sus primeros poemas "La Fé", "Una Lagrima" y "El Desengaño".
Como diplomático, viajó por Europa y América en calidad de cónsul y embajador de su país. Permaneció largas temporadas en Buenos Aires, París y Palma de Mallorca.
Trabajó en la Biblioteca Nacional de Managua; donde estudió las nuevas corrientes poéticas europeas. Llegó a Santiago de Chile en 1886, lugar donde consolidó su cultura literaria.
En 1887 publicó tres libros de poemas "Abrojos", "Canto épico a las glorias de Chile" y "Rimas". Al año siguiente, saldría a la luz "Azul...". Todas estas obras, sentarían las bases del modernismo y llamarían la atención de todas las críticas, especialmente del escritor español Juan Valera y del uruguayo José Enrique Rodó. Regresó a Nicaragua y se casó en 1891 con Rafaela Contreras, quien moriría 2 años más tarde después de tener su primer hijo.
A Rúben Dario se le reconoce como jefe de filas del movimiento modernista, y Padre del modernismo por sus contemporáneos los más prestigiosos escritores de España e Ibero América.Rubén Darío, hito de la literatura en la lengua española, favoreció el encuentro entre la literatura en español de ambos lados del Atlántico. Junto a Gustavo Adolfo Bécquer inició la recuperación de la poesía española que acabaría en la generación del 27 y daría figuras como Juan Ramón Jiménez.



Poesía seleccionada 
Pensamiento de otoño
 
Huye el año a su término
Como arroyo que pasa,
Llevando del poniente
Luz fugitiva y pálida.
Y así como el del pájaro
Que triste tiende el ala,
El vuelo del recuerdo
Que al espacio se lanza
Languidece en lo inmenso
Del azul por do vaga.
Huye el año a su término
Como arroyo que pasa.

Un algo de alma aún yerra
Por los cálices muertos
De las tardes volúbiles
Y los rosales trémulos.
Y, de luces lejanas
Al hondo firmamento,
En alas del perfume
Aún se remonta un sueño.
Un algo de alma aún yerra
Por los cálices muertos.

Canción de despedida
Fingen las fuentes túrbidas.
Si te place, amor mío,
Volvamos a la ruta
Que allá en la primavera
Ambos, las manos juntas,
Seguimos, embriagados
De amor y de ternura,
Por los gratos senderos
Do sus ramas columpian
Olientes avenidas
Que las flores perfuman.
Canción de despedida
Fingen las fuentes turbias.

Un cántico de amores
Brota mi pecho ardiente
Que eterno abril fecundo
De juventud florece.
¡Qué mueran, en buen hora,
Los bellos días! Llegue
Otra vez el invierno;
Renazca áspero y fuerte.
Del viento entre el quejido,
Cual mágico himno alegre,
Un cántico de amores
Brota mi pecho ardiente.

Un cántico de amores
A tu sacra beldad,
¡Mujer, eterno estío,
Primavera inmortal!
Hermana del ígneo astro
Que por la inmensidad
En toda estación vierte
Fecundo, sin cesar,
De su luz esplendente
El dorado raudal.
Un cántico de amores
A tu sacra beldad,
¡Mujer, eterno estío
Primavera inmortal!




12. Si te dicen que caí. Juan Marsé

Sinópsis
Es una de las obras más personales de su autor, pues, según el propio Marsé, al escribirla sólo pensaba en los anónimos vecinos de un barrio pobre que ya no existe en Barcelona, en los furiosos muchachos de la postguerra que compartieron con él las calles leprosas y los juegos atroces, el miedo, el hambre y el frío, en su propia infancia y adolescencia. La novela está compuesta por voces diversas, contrapuestas y hasta contradictorias, voces que rondan la impostura y el equívoco, que tejen y destejen una espesa trama de signos y referencias y un ambiguo sistema de ecos y resonancias. 


Edición recomendada
Nº de páginas: 336 págs. 
Editorial: Fondo de Cultura Económica de España
Lengua: Castellano
Encuadernación: Tapa dura 
ISBN: 9788437506289 
Año edicón: 2009 
Plaza de edición: Madrid


El autor
Escritor español,  considerado uno de los grandes narradores españoles contemporáneos, varias de sus novelas han sido llevadas al cine y en el año 2008 su carrera literaria fue reconocida al serle concedido el máximo galardón de las letras hispanas, el Premio Cervantes. 
Marsé nació en Barcelona en 1933 y creció entre sus calles que luego configurarían gran parte del universo de sus obras. Abandonó pronto los estudios formales para comenzar a trabajar como aprendiz en un estudio de joyería.
Dio sus primeros pasos literarios en la revista Ínsula, al mismo tiempo que continuaba con su trabajo en el mundo de la joyería. Con Encerrados con un sólo juguete, se presenta al Biblioteca Breve, donde queda finalista. 
Animado por Gil de Biedma Marsé se instala en París en 1960 y sigue trabajando en sus novelas mientras hace de traductor y trabaja como ayudante en el Instituto Pasteur. De vuelta a Barcelona tres años después, publicaría Últimas tardes con Teresa, ganador del Biblioteca Breve.
Decidido a ganarse la vida sólo con la literatura,  combina la narrativa con textos publicitarios y la escritura de diálogos para otros guionistas. Poco después tendría su primer encontronazo serio con la censura franquista al ser prohibida la publicación de Si te dicen que caí.
Logró una mayor popularidad a partir de los años 70 gracias a su colaboración con la revista Por Favor y se mantuvo a base de pequeños trabajos poco reconocidos hasta que en 1978 logra dar el salto a la primera línea de las letras con La muchacha de las bragas de oro, novela ganadora del Planeta.
Tras varios problemas graves de salud, lograría nuevos éxitos en la década de los 90 con títulos como El amante bilingüe -otra de sus obras llevadas al cine- o El embrujo de Shanghai, libros que dieron el salto al mercado internacional con un gran éxito.
Con Rabos de lagartija logró un nuevo éxito de crítica y ya en la primera década de 2000 se recuperaron todos sus cuentos y relatos cortos.
Marsé ha recibido numerosos premios y galardones, como el Ateneo de Sevilla, el Nacional de la Crítica en 2001, el Juan Rulfo en 1997, el Cervantes en 2008, el Planeta de 1978 y el Biblioteca Breve de 1965, entre otros muchos.
 

Reseña de Antoni Munné, en El Viejo Topo, No. 2, noviembre, 1976.
"Hay libros que parecen decirlo todo, hasta lo más bajo y cruel; libros profundamente escatológicos, con la ambigüedad y bivalencia de este término en castellano: libros que hablan de nuestro destino hablando de nuestros excrementos físicos y morales. "Si te dicen que caí" es uno de estos libros asombrosos, que, repentinamente, nos enfrentan contra nuestra propia suciedad individual y colectiva. Ya no se podrá escribir la historia de nuestra posguerra sin hablar de este libro poético y cruel al mismo tiempo, un canto de amor desgarrado, un relato profundamente terrestre, repleto de sangre, de violencia, de sexo, cuya claridad raya en la insolencia, cuya crueldad nos habla de nuestra propia carne miserable". Rafael Conte en "Ínsula", No. 346, 1976?.
"Si te dicen que caí" supone, no diremos un techo, pero sí una cota importante en la génesis y el desarrollo que de la novela como proyecto tiene su autor. Yendo mucho más lejos que en sus anteriores obras, si bien recogiendo el fruto lógico de la conjunción de aciertos de todas ellas, Marsé construye un sugestivo y soberbio armazón (genuinamente apto para mantener el interés del lector) desde donde el argumento -motor fundamental en este tipo de estructuras narrativas- se desenvuelve sustancialmente dando pruebas de un dominio magistral del 'oficio' -la elaboración de la escritura- y aprovechando las valiosas enseñanzas de tipologías textuales tan dispares como las de la novela policiaca, el discurso erótico y la escritura cinematográfica.


11. Violín y otras cuestiones. Juan Gelman

Sinópsis
Violín y otras cuestiones (1956). Publicado con el sello de Gleizer, que treinta años antes había editado algunos de los primeros libros de Macedonio Fernández, Jorge Luis Borges y Raúl González Tuñón, llevaba precisamente un prólogo de Tuñón, una decisiva influencia en aquel primer Gelman, junto con el peruano César Vallejo. De Tuñón parecen provenir la atención hacia la ciudad, la preocupación política y un lirismo intenso que carga de matices mágicos la realidad cotidiana, y de Vallejo, la aptitud para arraigar la escritura poética en la fuerza y la soltura de la lengua hablada, librándola de solemnidades y exquisitismos. Por los caminos que abre, tanto en la temática como en la actitud espiritual y en el trabajo con el lenguaje, Violín y otras cuestiones puede considerarse el inicio de toda una corriente de la poesía argentina, que en su momento fue identificada con la "generación del 60". 


Edición recomendada 
Título: Otromundo. Antología 1956-2007
Nº de páginas: 248 págs
Editorial: Fondo Cultura Económica 
Lengua: Castellana
Encuadernación: Tapa dura 
ISBN: 9788437506 
Año edicón: 2007 
Plaza de edición: México


El autor
Juan Gelman Burichson. (Buenos Aires, 3 de mayo de 1930). Poeta, traductor y periodista argentino, está considerado como el poeta más importante de su generación. 
Hijo de emigrantes judíos ucranios, ejerce diversos oficios antes de dedicarse al periodismo. Por su actividad periodística y política vive en el exilio entre 1975 y 1988, residiendo alternativamente en Roma, Madrid, Managua, París, Nueva York y México. Durante su ausencia de Argentina llega a estar condenado a muerte por la dictadura argentina; sufre muy de cerca el drama de los "desaparecidos" cuando su hijo y su nuera pasan a formar parte de esta dolorosa lista. 
En su juventud colabora en el periódico Rojo y negro. Es uno de los fundadores del grupo de poetas "El pan duro" y es también secretario de redacción de Crisis, director del suplemento cultural de La Opinión y jefe de redacción de Noticias. También ejerce como traductor en la UNESCO. Desde 2007 colabora con el periódico de Buenos Aires, Página 1/2. 
Poeta adscrito al realismo crítico, consigue un estilo particular partiendo de un realismo crítico y del intimismo. Son constantes en su poesía la presencia de la cotidianeidad, el tono político, la denuncia y la indignación ante la injusticia.
De su producción poética conviene destacar Violín y otras cuestiones, El juego en que andamos, Velorio del solo, Gotán, Sefiní o Cólera Buey, así como Los poemas de Sidney West, Traducciones, Fábulas, Relaciones, Hechos y relaciones o Si tan dulcemente. Escribe Exilio en colaboración con el periodista argentino Osvaldo Bayer; otras de sus obras son Citas y comentarios, Hacia el sur, Composiciones, Carta a mi madre y País que fue será. 
La antología Pesar todo es galardonada con el premio de poesía José Lezama Lima, que concede la Casa de las Américas cubana. En 2005 publica una nueva antología, Oficio ardiente, que reúne poemas publicados a lo largo de casi cincuenta años y algunos otros inéditos.
En el ámbito musical escribe dos óperas, La trampera general y La bicicleta de la muerte,El gallo cantor y Suertes, y varios LP. dos cantatas,
A lo largo de su vida recibe numerosos galardones, entre los que destacan el Premio Nacional de Poesía en 1997 y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 2005; además tiene el título de ciudadano ilustre de la ciudad de Buenos Aires.
En 2007 obtiene el Premio Cervantes, considerado el galardón más importante de las letras hispánicas, y dos años después la Asociación de Poetas Chinos le otorga el Premio Antílope Tibetano.



Reseña de Horacio Amigorena en Gaceta Literaria N° 10, Buenos Aires, 1967. 


Después de una circunstancia literaria -la llamada del 40 que interpretamos con base en un común fracaso, ha llegado a nuestras letras un grupo de hombres dados a interrogar lo argentino en toda su desnudez y violencia, y en una actitud insospechable de cualquier otro compromiso que los impuestos por las exigencias de esa realidad.
La intuición poética, que precede en sus descubrimientos a la novelística y a la sociología, tiene en estos jóvenes una especial penetración: desde un planteamiento social al que obliga la realidad comunitaria, pretende captar la esencia vital del hombre argentino. Y a veces lo consiguen. Así lo testimonia el libro de Juan Gelman Violín y otras cuestiones.
No sé si Gelman se habrá propuesto alguna vez ser un poeta porteño, desentrañar este laberinto ciudadano tan retóricamente ennegrecido por poetas y ensayistas, para captarlo en lo que tiene de distinto. De cualquier manera lo consigue en una poesía civil de dramática tensión que conjuga a ritmo ya doliente, ya transidamente alegre de su "Trajín, ciudad y tarde buenos aires".
Todo que hacer poético supone una construcción de mundo: sobre el mundo dado estructura el poeta otro mundo a la medida de su desesperación y esperanza. Gelman lo integra con elementos de cercanía cotidiana, pero se lanza hacia horizontes más lejanos, quizá para no perecer en el juego existencial del hombre y el fluir de las cosas. Diríamos que pone alas a sus cosas, si las alas no estuvieran tan desprestigiadas en la lírica.
La ciudad parece pegarle a cada vuelta de esquina a un Juan empleado, compañero, padre y vecino del hombre, que pertrecha su ternura de crepúsculos y pájaros para “no ser fantasma”. En Buenos Aires se respira la irrealización por todos los poros de su geografía y el poeta puede sólo salvarse en la realización de su ser primordial a través de una poesía que actualice ritualmente ese ser, descubriendo -en este caso- el escondido dinamismo que guarda la ciudad.
Así, Gelman desde los primeros poemas del libro se asoma por la transparente mirada del niño fundamental que en definitiva es. Tienen estos primeros poemas un auténtico intimismo de deambular solitario y tarde porteña.
Juan habrá querido tener en su infancia soñadora un violín, porque es la melodía de este violín que quizá nunca llegó a sus manos el eco melancólico de un caminar que a cada paso tropieza con el asombro. Melodía conseguida armónicamente en poemas como El caballo de la calesita, que en su girar -o sea, su contar - dibuja el perfil de Buenos Aires en vivo contrapunto de luces y sombras, creando el ámbito mágico que mejor conviene a la espontaneidad de lo vivo.
Una nota rara a la poesía actual da la tónica de Gelman: su pureza, que consiste en un modo inocente de interrogar a las cosas, a los hombres y a los hechos. Juan se pregunta asombrado por los dolores del hombre, de un hombre concretamente vivo, por sus mínimas penas que sin embargo lo desnudan de cuerpo entero. Es la suya una pregunta casi última que sólo espera la respuesta de fondo. Y cuando Gelman se responde comprendiendo la problemática existencial por el sentido, hace una poesía hermanente, de una adánica alegría que vence raigalmente toda angustia y congoja. Pero en otros poemas se responde por las causas de esa problemática, ya nuestro entender pierden estos versos la calidez que trasmite su mundo poético cuando está informado por el diario latir de sus cosas más cercanas.
Agregamos que es Gelman autor de un feliz hallazgo: unos versos desde siempre perennes en todo poeta y que seguramente los habrá recogido de algún rincón triste y cordial de su alma. No nos resignarnos a callarlos: "¡Quién pudiera agarrarte por la cola magiafantasmanieblapoesía! ¡Acostarse contigo una vez sola y después enterrar esta manía! ¡Quién pudiera agarrarte por la cola!" .


Poesía seleccionada
Estoy sentado como un inválido en el desierto de mi deseo de tíMe he acostumbrado a beber la noche lentamente, porque sé
que la habitas, no importa dónde, poblándola de sueños.
El viento de la noche abate las estrellas temblorosas en mis manos,
que aun no se conforman, viudas inconsolables de tu pelo.
En mi corazón se agitan los pájaros que en él sembraste y a
veces les daría la libertad que exigen para volver a tí, con el
helado filo del cuchillo.
Pero no puede ser. Porque estás tan en mí, tan viva en mí,
que si me muero a tí te moriría.

10. Fortunata y Jacinta. Benito Pérez Galdós

Sinópsis
Subtitulada Dos historias de Casadas, extensa novela publicada en 1887. La novela Fortunata y Jacinta está considerada la narración más importante en lengua española después del Quijote. Ninguna obra española de los siglos XIX y XX refleja mejor que ésta el momento en que la clase media, la burguesía, tomaba parte fundamental de la vida social y asumía el control político de la nación, al tiempo que Madrid, protagonista indiscutible de la obra, adquiría el perfil de una urbe moderna. Benito Pérez Galdós (Las Palmas de Gran Canaria, 1843 - Madrid, 1920) recoge en su obra cumbre el palpitar de una época, sus movimientos anímicos, tejiendo una visión de la conciencia humana proveniente de las ideas psicológicas dominantes en el siglo XIX. Fortunata y Jacinta debe ser entendida como un magnífico panorama de costumbres de a España decimonónica en el que la complejidad interior del individuo -su alma- se entremezcla con la descripción detallada -no exenta de crítica- de una sociedad en constante progreso.


Edición recomendada
Nº de páginas: 1280 págs
Editorial: Espasa-Calpe
Lengua: Castellano
ISBN: 9788467033984 
Año edicón: 2010 
Plaza de edición: Madrid



El autor
Benito Pérez Galdós (Las Palmas de Gran Canaria, 10 de mayo de 1843 – Madrid, 4 de enero de 1920). Escritor español, representante de la novela realista española del siglo XIX. Académico de la Real Academia desde 1897 y nominado al Premio Nobel en 1912.
Estudia en el Colegio de San Agustín de su ciudad y colabora en el periódico local El Ómnibus. Al terminar sus estudios en 1862, se traslada a Tenerife para estudiar el Bachiller en Artes, y posteriormente se marcha a Madrid para estudiar Derecho. Allí acude a las tertulias del Ateneo y los cafés Fornos y Suizo, donde frecuenta a intelectuales y artistas de la época. Escribe en los diarios La Nación y El Debate.
En 1873 inicia la publicación de la primera serie de los Episodios Nacionales con Trafalgar. Su popularidad ante los lectores durante la decada de los 90 va creciendo con su segunda serie de los Episodios nacionales. Aparte de Madrid, Galdós pasa largas estancias en su casa de Santander, conocida como “San Quintín”.
Viaja por Europa como corresponsal de prensa, conociendo así corrientes literarias del momento como el realismo y el naturalismo. Su obra tiene influencias de los franceses Honoré de Balzac, Émile Zola, Gustave Flaubert y el inglés Charles Dickens, entre otros.
Aficionado a la política, se afilia al Partido Progresista de Sagasta y en 1886 es diputado por Guayama (Puerto Rico) en las Cortes. En los inicios del siglo XX ingresa en el Partido Republicano y en las legislaturas de 1907 y 1910 es diputado a Cortes por Madrid por la Conjunción Republicano Socialista; en 1914 es elegido diputado por Las Palmas.
Galdós es uno de los autores más prolíficos de su generación, tanto en novela como en teatro.


Texto seleccionado
Iba Jacinta tan pensativa, que la bulla de la calle de Toledo no la distrajo de atención que a su propio interior prestaba. Los puestos a medio armar en toda la acera desde los portales a San Isidro, las baratijas, las panderetas, la loza ordinaria, las puntillas, el cobre de Alcaraz y los veinte mil cachivaches que aparecían dentro de aquellos nichos de mal clavadas tablas y de lienzos peor dispuestos, pasaban ante su vista sin determinar una apreciación exacta de lo que eran. Recibía tan sólo la imagen borrosa de los objetos diversos que iban pasando, y lo así porque era como si ella estuviese parada y la pintoresca vía se corriese delante de ella como un telón. En aquel telón había racimos de dátiles colgados de una percha, puntillas blancas que caían de un palo largo, en ondas, como los vástagos de una trepadora; pelmazos de higos pasados en bloques; turrón en trozos como sillares, que parecían acabados de traer de una cantera, aceitunas en barriles rezumados; una mujer puesta sobre una silla y delante de una jaula, mostrando dos pajarillos amaestrados. Y luego, montones de oro, naranjas de seretas y hacinadas en el arroyo. El suelo, intransitable, ponía obstáculos sin fin, pilas de cantaros y vasijas ante los pies del gentío presuroso, y la vibración de los adoquines al paso de los carros parece haber bailar a personas y cacharros.  Hombres con sartas de pañuelos  de diferentes colores se ponían delante del transeúnte como si fueran a capearlo. Mujeres  chillonas taladraban el oído con pregones enfáticos acosando al público y poniéndole en la alternativa de comprar o morir. Jacinta veía las piezas de tela desenvueltas en ondas a lo largo de todas las paredes, percales azules, rojos y verdes, tendidos de puerta en puerta, y su mareada vista le exageraba las curvas de aquellas rúbricas de trapo. De ellas colgaban, prendidas con alfileres, toquillas de los colores vivos y elementales que agradan a los salvajes. En algunos huecos brillaba el anaranjado, que chilla como los ejes sin grasa;  el bermellón nativo, que parece rasguñar los ojos;  el carmín, que tiene la acidez del vinagre; el cobalto, que infunde ideas de envenenamiento; el verde de panza de lagarto, y ese amarillo tila que tiene cierto aire de poesía mezclado con la tisis, como en la Traviatta. Las bocas de las tiendas, abiertas entre tanto colgajo, dejaban ver el interior de ellas tan abigarrado como la parte externa; los horteras, de bruces sobre el mostrador, o vareando telas, o charlando. Algunos braceaban, como si nadasen en un mar de pañuelos. El sentimiento pintoresco de aquellos tenderos se revela en todo. Si hay una columna en la tienda la revisten de corsés encarnados, negros y blancos, y con los refajos hacen graciosas combinaciones decorativas. 


8. La casa encendida. Luis Rosales

Sinópsis
Esta obra de Luis Rosales es, ain duda, una de las imprescondibles de la poesía española de la posguerra, y representa, según Luis Felipe Vivanco, "el acercamiento de la memoria a la palabra del alma".
La primera versión del texto fue publicada en 1949 por Cultura Hispánica. En la edición que proponemos aparecen las variantes introducidas por el poeta en la segunda versión de 1967 así como un apéndice en el que se reproduce íntegro el nuevo final que Rosales incorporó a la cuarta pared en la segunda versión.


Edición recomendada 
Nº de páginas: 93 págs. 
Editorial: Denes
Lengua: Castellano
Encuadernación: Tapa blanda 
ISBN: 9788495802224 
Año edicón: 2003 
Plaza de edición: Guadalajara


El autor
Luis Rosales Camacho. (Granada, 31 de mayo de 1910 - Madrid, 24 de octubre de 1992). Poeta español de la Generación del 36.
Estudia Filosofía, Letras y Derecho en la Universidad de Granada. En 1930 se traslada a Madrid para continuar sus estudios y entabla allí amistad con los garcilasistas Luis Felipe Vivanco, Leopoldo Panero, Dionisio Ridruejo y José García Nieto. Pronto se convierte en la cabeza de la Generación del 36 y en uno de los máximos exponentes de la denominada "poesía arraigada".
Publica sus primeros poemas en las revistas Los cuatro vientos, Cruz y raya, Vértice y El gallo. En Madrid publica un libro de poesía amorosa, Abril, donde se refleja la influencia de Garcilaso de la Vega en el poeta. Parte de su obra comienza a publicarse también en la revista Caballo verde, fundada por Pablo Neruda y que recoge trabajos de otros poetas como Vicente Aleixandre o Miguel Hernández.
En 1937 colabora en la revista Jerarquía y varios años más tarde, es secretario de la revista Escorial. En 1949 publica La casa encendida y en 1979 Diario de una resurrección, ambas consideradas sus obras cumbre.
Desde 1953 hasta 1965 dirige la revista Estafeta literaria, que es posteriormente continuada por Nueva estafeta (1978-1982). Durante estos años se doctora en Filosofía.
Estudioso de los manuscritos del Siglo de Oro español, pasa a formar parte de la Hispanic Society of America y en 1962 ingresa como miembro de número en la Real Academia Española. En 1982 recibe el Premio Miguel de Cervantes como reconocimiento a toda su obra.


El testimonio de Luis María Anson
“La orden de asesinar a Federico la provocó el gobernador Valdés pero la dio Queipo de Llano, es decir, el Ejército. He callado durante muchos años por razones evidentes pero ha llegado el momento de hablar”, me dijo Luis Rosales en 1969, en su casa de Cercedilla, cuando caía el atardecer plácido y para siempre sobre los cielos inacabables. Allí, en el cementerio de aquel pueblecito de la sierra madrileña, fue enterrado una mañana triste de primavera.
Dirigía yo el ABC dominical en esa época y le propuse al poeta organizar uno de los coloquios que celebrábamos en el despacho del fundador del periódico. Le pareció de perlas. Estaba dispuesto a hablar y a polemizar. Tras dos horas de conversación con Ruiz Alonso, le convencí para que viniera. Luis aportó a su hermana Carmen que atendió a Lorca hasta el final y al dueño del automóvil en que trasladaron al poeta hasta el calvario de Víznar. Hablé con Aquilino Morcillo, director entonces de Ya. En 1936 era subdirector del Ideal de Granada y jefe de Ruiz Alonso. Me dijo que sí con gran generosidad. También José Caballero, el gran amigo de Federico. Cuando todo estaba preparado, se descolgó Ruiz Alonso. Me llamó contrito para decirme que no se atrevía a ir, que mejor no remover las cosas. Alguien le había hablado, sin duda. Rosales entendió bien a pesar suyo que, sin Ruiz Alonso, lo mejor era suspender el coloquio.
Pero lo que publicamos entonces y, sobre todo, su conducta intachable, robustecida por la inmensa mayoría de las biografías lorquianas, dejaron a Luis Rosales limpio de cualquier culpa en el asesinato de Federico García Lorca. Aún más. Ha quedado demostrado que mantuvo una actitud digna y valerosa en favor del poeta, jugándose la vida en su defensa durante aquellos días inciertos y terribles de la guerra incivil.
Octavio Paz, Luis Rosales y yo solíamos reunirnos a cenar y recitábamos después versos hasta las cuatro de la madrugada. Octavio, árbol adentro, era la claridad de la inteligencia y una cultura prodigiosa. Luis estaba impregnado de poesía. Los versos, sobre todo los clásicos, se desgranaban en aquellas noches de vino y rosas para ellos, de coca-cola y lirios maduros para mí. Porque “la brisa era en el mar un niño ciego”. La poesía intimista le envolvía a Luis, como una carta entera, que Octavio leía, iluminada por el fulgor de su inteligencia.
No compartía Luis la escasa valoración que Paz tenía de Pablo Neruda. Por el contrario le había instalado a la cabeza de la poesía del siglo XX. No aceptaba la cicatería del poeta chileno en Confieso que he vivido con Delia del Carril. Conocí yo a La Hormiga cuando tenía 101 años. La visité en Santiago acompañado por María Angélica Bulnes. Pero ésa es otra historia. Luis Rosales me pidió que organizara una cena con Matilde Urrutia, mi gran amiga, fallecido ya Pablo. La acosó a preguntas hasta que reconoció que había suprimido de Confieso que he vivido un capítulo dedicado a Delia del Carril. Luis Rosales ocupa un lugar de relieve en la poesía española del siglo XX. Sus versos no han perdido ni aliento ni fuerza. Son “nieve recién caída, nieve que está cayendo”, poesía encendida, poesía intimista, en la casa que compartió con María, allí donde se esponja el contenido del corazón.
Falangista de primera hora, Luis Rosales se revolvió contra las censuras del régimen dictatorial, fue después miembro destacado del Consejo Privado de Juan III y escribió su gran libro, Cervantes y la libertad, para demostrar sutilmente en dónde estaba alineado. Se ganó el respeto de todos, dentro y fuera de España. Me consta que Octavio Paz y Pablo Neruda le tenían en máxima estima.
Cuando ganó el premio Mariano de Cavia en 1959, Luis Calvo, el director de ABC que era a veces de hierro, a veces de seda, me dijo: “No le pierdas de vista. Humana y poéticamente es hombre de gran calidad”. Se me emborronan ahora los puntos de la pluma al recordar tantos años de amistad y conversaciones con aquel escritor que vivía entre el temor y el temblor de la poesía encendida.



Poesía seleccionada
Porque todo es igual y tu lo sabes,
has llegado a tu casa y has cerrado la puerta
con aquel mismo gesto con que se tira un día,
con que se quita la hoja atrasada al calendario

cuando todo es igual y tú lo sabes.
Has llegado a tu casa,
y, al entrar,
has sentido la extrañeza de tus pasos
que estaban ya sonando en el pasillo antes de que llegaras,
y encendiste la luz, para volver a comprobar
que todas las cosas están exactamente colocadas, como estarán dentro de un año,
y después,
te has bañado, respetuosa y tristemente, lo mismo que un suicida,
y has mirado tus libros como miran los árboles sus hojas,
y te has sentido solo,
humanamente solo,
definitivamente solo porque todo es igual y tú lo sabes.

4. Bartleby y compañía. Enrique Vila Matas

Sinópsis
Señor Rulfo, ¿por qué lleva tantos años sin escribir nada? Es que se me murió el tío Celerino, que era el que me contaba las historias. Este libro habla de los que dejan de escribir (Rulfo, Rimbaud, Salinger...) e indaga en los motivos de cada uno para preferir no hacerlo. Todos conocemos a los bartlebys, son esos seres en los que habita una profunda negación del mundo. Toman su nombre del escribiente Bartleby, ese oficinista de un relato de Herman Melville que, cuando se le encargaba un trabajo o se le pedía que contara algo sobre su vida, respondía siempre, indefectiblemente diciendo: Preferiría no hacerlo. En "Bartleby y compañía" se habla del mal endémico de las letras contemporáneas, de la pulsión negativa o atracción por la nada. El narrador del libro, que está escribiendo un diario que al mismo tiempo es un cuaderno de notas a pie de página que comentan un texto invisible, demuestra su amplia solvencia como rastreador de bartlebys al pasear por el Laberinto del No, por los caminos de la que considera la más perturbadora y atractiva tendencia de las literaturas contemporáneas, tendencia en la que ve el único camino que queda abierto a la auténtica creación literaria, pues para él sólo de la pulsión negativa, del rechazo, sólo del Laberinto lúcido del No puede surgir la escritura por venir. 


Edición recomendada 
Nº de páginas: 184 págs. 
Editorial: Anagrama
Lengua: Castellano
Encuadernación: Tapa blanda 
ISBN: 9788433924490 
Año edicón: 2006 
Plaza de edición: Barcelona


El autor
(Barcelona, 1948) es uno de los más destacados escritores europeos del momento y está traducido a 29 idiomas. De su extensa obra, Anagrama ha publicado un libro de ensayos literarios, El viajero más lento, y los siguientes títulos de narrativa: Impostura, Historia abreviada de la literatura portátil, Una casa para siempre, Suicidios ejemplares, Hijos sin hijos, Recuerdos inventados, Lejos de Veracruz, Extraña forma de vida, El viaje verticalBartleby y compañía (Premio Ciudad de Barcelona, Prix du Meilleur Livre Étranger, Prix Fernando Aguirre-Libralire), El mal de Montano (Premio Herralde, Premio Nacional de la Crítica, Prix Médicis étranger 2003, Premio Internazionale Ennio Flaiano), París no se acaba nunca, Doctor Pasavento (Premio Fundación Lara 2006, Premio de la Real Academia Española 2006) y Exploradores del abismo. (Premio Rómulo Gallegos 2001).



La crítica: Pedro de Miguel (El Mundo)
El alto riesgo de escribir

Bartleby es ese inolvidable personaje de Melville, oficinista sepultado, que repite ante las órdenes que no se refieren estrictamente a su trabajo: "Preferiría no hacerlo". Vila-Matas ve en él el paradigma del No, y construye este "artefacto literario" -como lo ha denominado Ignacio Vidal-Folch - alrededor de su resistencia y de su negación. Los bartlebys de la literatura componen una extraña y numerosa secta que caracteriza "el estado de pronóstico grave -pero sumamente estimulante- de la literatura de este fin de milenio".
El propio narrador ha sufrido ese síndrome: dejó de escribir tras un desgraciado incidente con su padre. Pero, años después, logra liberarse de la enfermedad a base de redactar estas "notas a pie de página" que comentan un texto invisible: el del silencio literario -sumamente elocuente- de sus colegas de profesión. "Sólo me interesan los escritores que se esconden", asegura de entrada, para lanzarse después al repaso inconexo, y a veces detectivesco, de esas piezas excéntricas. Sumergirse en la lectura de estos comentarios equivale a "hacerse socio de un club al estilo del club de los negocios raros de Chesterton".
Los bartlebys también son raros, porque nunca escribieron o dejaron de escribir tras uno o dos libros brillantes, o porque ocultan celosamente su identidad. Ahí están Rulfo, Salinger, Rimbaud, Alfau, Gracq, el problema de la identidad de B. Traven, el enigma Pynchon o Felisberto Hernández, que nunca terminaba sus cuentos. El narrador indaga en las razones profundas del abandono, que no son otras que las que tienen que ver con la moderna desconfianza en las palabras. Quienes piensan que ya está todo dicho sólo pueden aspirar a la repetición, la glosa o el espionaje.
Vila-Matas, siempre fronterizo, ofrece en estas páginas un producto suculento, como todos los suyos. Las sorpresas se suceden, las invenciones se imbrican con naturalidad en los datos biográficos, la carcajada salta de repente en un quiebro de tono inesperado. El texto se abre en muchas direcciones, los estilos se mezclan y se suceden, la atmósfera de complicidad crece. El ingenio de Vila-Matas multiplica las connotaciones bartleby: hay desfallecimientos bartleby -como el que impide a Tolstoi concluir la última frase de su diario-, hay escritores antibartlebys -el caso de Simenon, a novela por semana, o el de Valéry, bartleby sin embargo- y existen también bartlebys en el momento de la despedida de la vida y de la literatura, como Cervantes en el emocionado Prólogo del 'Persiles'. Al fondo, Vila-Matas cree ver a Dios que calla, "maestro del silencio", que escribe sin embargo a través de persona interpuesta.
"Escribir es una actividad de alto riesgo", asegura el jorobado narrador que, sin familia ni dinero, es sin embargo feliz. Hay que agradecer a Vila-Matas esa apuesta -que mantiene con el tiempo- y esa sana rareza que continúa abriendo nuevas vías en la literatura actual, tan necesitada de humor, profundidad y extrañamiento para no caer en la aburrida complacenci de lo establecido. 

Texto del libro
Me dispongo, pues, a pasear por el laberinto del No, por los senderos de la más perturbadora y atractiva tendencia de las literaturas contemporáneas ; una tendencia en la que se encuentra el único camino que queda abierto a la auténtica creación literaria : una tendencia que se pregunta qué es la escritura y dónde está y que merodea alrededor de la imposibilidad de la misma y que dice la verdad sobre el estado de pronóstico grave –pero sumamente estimulante– de la literatura de este fin de milenio.

1. Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Pablo Neruda

Sinopsis 
Publicado por primera vez en 1924, Veinte poemas de amor y una canción desesperada es quizá el libro de Neruda que ha obtenido una más vasta popularidad y a la vez significó la plena consolidación del prestigio literario de su autor en el área hispánica. Obra de gran envergadura literaria, el remanente de la herencia modernista fue aliado en ella por Neruda de modo admirable a los hallazgos expresivos de la nueva vanguardia en una serie de piezas de conmovida intensidad lírica, cuyo acento de plenitud vital, exaltación genésica y erotismo panteísta cede el paso, en la hora de los duelos y las separaciones, a un tono de melancolía que le hermana a la herencia romántica. Intocables en su definitiva rotundidad de pieza maestra, estos Veinte poemas de amor y una canción desesperada constituyen sin duda una de las mayores cimas de la poesía amorosa en lengua castellana.






Edición recomendada  


Nº de páginas: 219 págs
Editorial: Porrua
Lengua: Castellano 
Encuadernación: Tapa blanda 
ISBN: 9789700767567 
Año edicón: 1926
Plaza de edición: México

 

El autor
Poeta chileno, considerado uno de los más importantes del siglo XX. Hijo de un ferroviario, y huérfano de madre cuando solo había vivido un mes, escribía poesía desde muy joven (el seudónimo comenzó a usarlo cuando apenas tenía dieciséis años). Gabriela Mistral lo inició en el conocimiento de los novelistas rusos, que el poeta admiró toda su vida. Estudió para convertirse en profesor de francés, sin llegar a lograrlo. Su primer libro, cuyos gastos de publicación sufragó él mismo con la colaboración de amigos, fue Crepusculario (1923). Al año siguiente, su Veinte poemas de amor y una canción desesperada se convirtió en un éxito de ventas (ha superado el millón de ejemplares), y lo situó como uno de los poetas más destacados de Latinoamérica. Entre las numerosas obras que le siguieron destacan Residencia en la tierra (1933), que contiene poemas impregnados de trágica desesperación ante la visión de la existencia del hombre en un mundo que se destruye, y Canto general (1950), un poema épico-social en el que retrata a Latinoamérica desde sus orígenes precolombinos. La obra fue ilustrada por los famosos pintores mexicanos Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros. Como obra póstuma se publicaron, en el mismo año de su fallecimiento, sus memorias, con el nombre de Confieso que he vivido. Poeta enormemente imaginativo, Neruda fue simbolista en sus comienzos, para unirse posteriormente al surrealismo y derivar, finalmente, hacia el realismo, sustituyendo la estructura tradicional de la poesía por unas formas expresivas más asequibles. Su influencia sobre los poetas de habla hispana ha sido incalculable y su reputación internacional supera los límites de la lengua. En reconocimiento a su valor literario, Neruda fue incorporado al cuerpo consular chileno y, entre 1927 y 1944, representó a su país en ciudades de Asia, Latinoamérica y España. De ideas políticas izquierdistas, fue miembro del Partido Comunista chileno y senador entre 1945 y 1948. En el año 1970 fue designado candidato a la presidencia de Chile por su partido y, entre 1970 y 1972, fue embajador en Francia. En 1971 recibió el Premio Nobel de Literatura y el Premio Lenin de la Paz. Antes había obtenido el Premio Nacional de Literatura (1945).  © eMe


La polémica de la obra
Veinte Poemas de Amor y una Canción Desesperada se convirtió en el libro de poesía más leído del siglo XX, con más de 10 millones de ejemplares editados, según Hernán Loyola, autor de sus Obras Completas.
Sin embargo, Alone, entonces cronista literario de La Nación, y quien lo ayudó económicamente a publicar su primer libro: Crepusculario, escribió una ácida crítica sobre el texto, pese a su rápido éxito de ventas.
Amargado, Neruda replicó en este mismo diario a través de una altiva declaración, Exégesis y Soledad, documento que se transformó en una explicación de su obra cumbre. Aquí aporto esta desconocida disputa literaria entre el más renombrado crítico chileno y el gran poeta:
 
Alone
Diario La Nación (3 de Agosto de 1924).
“Dicen que los aplausos prematuros han engreído un poco a este poeta demasiado joven; que un círculo de admiradores lo rodea, especie de pequeño cenáculo ambulante en el cual uno desempeña el papel de Secretario y le lleva los manuscritos, y los otros llevan corbata a la Neruda y hasta sombrero a la Neruda.
Conozco de cerca al autor de estos Veinte Poemas y puedo afirmar que no hay una palabra de verdad en semejante leyenda, pero la cuento, porque me parece encantadora y estoy seguro de que, andando el tiempo, habrá de figurar... en alguna Historia de la Literatura Chilena con anécdotas…
... Abramos sin pasión su segundo volumen poético. Parece más raro y menos accesible que el primero… Aquí domina cierta especie de sequedad entrecortada, casi dolorosa, una violencia de expresión, hija tal vez del excesivo afán de novedad. El poeta quiere separarse a toda costa de los otros, los viejos, los de ayer, los de anteayer y corta amarras, bate el ala al viento, trata de alejarse y huir.
…Las mujeres siempre encuentran hermosas las palabras de amor que se dirigen a ellas; pero nosotros las hallamos (éstas) desconcertantes, faltas de sentido, desorientadas…
Comprendo… que se necesita cierta locura para hablar en versos y cantar… pero la locura, como todo, tiene su límite… Las invisibles e innumerables lógicas nos envuelven y el que la rompe cae en el silencio, no despierta ecos, no toca fibras sensibles, grita hacia otros mundos y sólo en otros mundos será escuchado. Con frecuencia este muchacho dulce, obstinado y pensador que es Pablo Neruda parece que nos volviera la espalda y le estuviera hablando a otros, en jerigonzas. Dan deseos de tomarlo del brazo y llamarlo: -Oiga ¿qué decía usted? …Nos miraría con una profunda mirada y seguiría conversando con los elfos genios de la noche.
Mejor será escucharlo con paciencia y tratar de coger de a una sus expresiones. Seguramente vale la pena. Algo se puede afirmar de sus palabras y es que nunca dice vulgaridades, esas tonterías viejas, más desconsoladoras que lo que no entendemos.
Y a veces nos hace pasar ante la vista seres deslumbrantes… o bien tiene toques de una amable delicadeza fina y sonriente… Pero es poco, muy poco todo esto para un libro, aún cuando el libro se lea en diez minutos por su abundancia de páginas en blanco.
La sensación total es la de una sementera que aún no asoma a la superficie.
La tierra está hinchada… se ve que pasaron el arado una y otra vez… hicieron los surcos, echaron con pródiga mano los gérmenes.
Todavía no brotan, falta el agua de la emoción humana, falta el tiempo vivificador… Hasta ahora nosotros sólo podemos presentirlo, acercando mucho el oído, con buena voluntad y examinados también a microscopio las ligeras hierbas verdes tiernas que asoman muy espaciadas y tímidas a la luz. Ahí saldrán. Esperemos como los labradores que siempre aplazan su esperanza para el año próximo”.

Pablo Neruda
Exégesis y soledad. La Nación (20 de Agosto de 1924).
“La crítica oficial de Santiago, por boca del escritor Alone y de don Mariano Latorre, ha expresado su disgusto por la publicación de mi último libro de poemas. No valdría tomar en cuenta estas dos opiniones: la clerical superficialidad del primero y la vaciedad del segundo, me dan la clave de esta valerosa cerrazón.
Alguna vez ha de hablar uno. Demostración de descontento: ¿por qué callarla? Algo heroico, incontaminado, libre, se ha forjado adentro de mí, a golpes de anhelo y de poder; hacia fuera lo he tirado en palabras, doliéndome, sangrándome el corazón: también fabricaré esta vez agua para lavarlo de la mirada de los peluqueros.
Emprendí la más grande salida de mí mismo: la creación, queriéndola iluminar las palabras. Diez años de tarea solitaria, que hacen con exactitud la mitad de mi vida, han hecho sucederse en mi expresión ritmos diversos, corrientes contrarias. Amarrándolos, trenzándolos, sin hallar lo perdurable, porque no existe, ahí están veinte poemas de amor y una canción desesperada. Dispersos como el pensamiento en su inasible variación, alegres y amargos, yo los he hecho y algo he sufrido haciéndolos. Sólo he cantado mi vida y el amor de algunas mujeres queridas, como quien comienza por saludar a gritos grandes la parte más cercana del mundo.
Traté de agregar cada vez más la expresión de mi pensamiento y alguna victoria logré: me puse en cada cosa que salió de mí, con sinceridad y voluntad. Sin vacilar, gente honrada y desconocida -no empleados ni pedagogos que me detestan personalmente- me han mostrado sus gestos cordiales, desde lejos. Sin darles importancia, concentrando mi fuerza para atajar la marea, no hice otra cosa que dar intensidad a mi trabajo. No me cansé de ninguna disciplina porque nunca la tuve; la ropa usada que conforma a los demás, me quedó chica o grande, y la reconocí sin mirarla.
Buen meditador, mientras he vivido he dado alojamiento a demasiadas inquietudes para que éstas pasaran de golpe por lo que escribo. Sin mirar hacia ninguna dirección, libremente, inconteniblemente, se me soltaron mis poemas.
Está bien si alguien de entre los hombres, en cualquier tiempo, se reconoce en ellos, y no porque les desagraden, voy a pedir disculpas a comerciantes o bomberos”.

 

El poema recomendado
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oir la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo. 



A continuación el poema con la voz de Pablo Neruda: