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domingo, 30 de octubre de 2011

15. Soldados de Salamina. Javier Cercas

Sinópsis

En los últimos meses de la Guerra Civil española, un miliciano anónimo perdona la vida a un prófugo Sánchez Mazas, escritor e ideólogo falangista.
Un joven periodista topa por casualidad con una historia fascinante de la Guerra Civil española, y se propone reconstruirla. Cuando las tropas republicanas se retiran hacia la frontera francesa, camino del exilio, deciden fusilar a un grupo de presos franquistas, entre los que se encuentra Rafael Sánchez Mazas, fundador e ideólogo de Falange. En la confusión, Sánchez Mazas logra huir del fusilamiento colectivo, y logrará vivir emboscado hasta el final de la guerra, protegido por un grupo de campesinos de la región, aunque siempre recordará al miliciano de extraña mirada que, tras descubrirlo y encañonarlo, no lo delató. El narrador se propone desentrañar el secreto del enigmático Sánchez-Mazas, de su asombrosa aventura de guerra, pero sólo para acabar descubriendo, en un quiebro inesperado, que el significado de esta historia se encuentra donde menos podía esperarlo, «porque uno no encuentra lo que busca, sino lo que la realidad le entrega».




Edición recomendada 
Nº de páginas: 216 págs. 
Editorial: Tusquets
Lengua: Castellano
Encuadernación: Tapa blanda bolsillo 
ISBN: 9788483835012 
Año edicón: 2007 
Plaza de edición: Barcelona


El autor

Javier Cercas nació en Ibahernando (Cáceres) en 1962. Doctorado en Filología Hispánica, trabajó durante dos años en la Universidad de Illinois y en la actualidad es profesor de literatura española en la universidad de Gerona y columnista de El País. Es autor de cinco novelas, El móvil (1987, luego 2003), El inquilino (1989), El vientre de la ballena (1997), Soldados de Salamina (2001) y La velocidad de la luz (2005) que, traducidas en más de veinte países, lo han consagrado como el autor español de mayor proyección de la literatura española reciente y uno de los novelistas europeos más destacados de la actualidad.
oldados de Salamina, aclamada internacionalmente como una de las grandes novelas de los últimos tiempos, convocó, en un éxito sin precedentes, el aplauso de los lectoress (Premio Qué Leer, Premio Crisol), los libreros (Premil Llibreter, Premio Librería Cálamo), los escritores (Premio Salambó) y los críticos (The Independent Foreign Fiction Prize en Reino Unido, Premio Grizane Cavour en Italia, Premio de la Crítica de Chile, Premi Ciutat de Barcelona, Premio Ciudad de Cartagena, Premio Extremadura). Escritores como Mario Vargas Llosa, J. M. Coetzee, Doris Lessing o Susan Sontag han escrito con entusiasmo sobre esta obra, que, al decir de George Steiner, "debería convertirse en un clásico". Su adaptación cinematográfica corrió a cargo de David Trueba.
La velocidad de la luz vino a revalidar el éxito de su obra precedente y, elegido libro del año por La Vanguardia y Qué Leer, ha merecido el premio Arzobisp0 Juan de San Clemente, el Cartelera Turia y el Athens Prize for Literature.
Javier Cercas también ha escrito tres libros de artículos, crónicas y ensayos: Una buena temporada (1998), Relatos reales (2000) y La verdad de Agamenón (2006).


Entrevista a Javier Cercas a propósito de la obra

Entrevista de César Güemer · La Jornada, 1 de Julio de 2003
el escritor javier cercas prende fuego a su Nobel, la marca de cigarrillos que fuma. Viene casi del aeropuerto, de Italia, estará en la ciudad de México un par de días, volará a Tijuana y de ahí de nuevo a Europa para cumplir con sus cada vez más numerosos compromisos. Para ser uno de los autores más leídos en España, con una decena de premios por Soldados de Salamina y con una obra traducida a 13 idiomas, se toma las cosas con absoluta calma: ''Si ya no publico más, no pasa nada, me lo agradecerán los árboles de la Amazonia".
Da una calada al cigarro, toma un trago de agua, se dispone a responder no sin antes preguntar sobre lo más reciente que ocurre en México, como la extradición de Sérpico, y sentencia sin dogmatismo: ''Todos llevamos un Cavallo dentro". Este miércoles a las 19 horas estará junto con Elena Poniatowska y Germán Dehesa en el Centro Cultural de España (Guatemala 18, Centro Histórico), a fin de presentar Soldados de Salamina.
Nacido en Cáceres en 1962, Cercas escribió Relatos reales, El inquilino y El vientre de la ballena antes de que Soldados de Salamina lo sacara de lleno de su vida de catedrático. Al pasado, sobre el que se ocupa en la ya célebre novela, es necesario pasarlo a examen. Explica: ''El proceso que ha seguido España es peculiar y el país no es muy consciente de ello. A la muerte de Franco lo que todo el mundo esperaba era una guerra. El desafío era pasar, sin ese conflicto, de la dictadura a la democracia. La transición consistió en un pacto mediante el cual no se pedían cuentas a nadie. De esa forma todos miraban hacia delante con la idea de ser europeos y construir en paz a la nación. Pero esto me parece muy mal porque era necesario hacer cuentas y determinar qué había sucedido. Sin embargo, el método funcionó aunque a un costo muy alto: el olvido. Mientras la población buscó a toda costa ser posmoderna nunca resolvió su pasado inmediato".
-En el caso de Soldados de Salamina ocurre lo opuesto: el pasado actúa en el presente y prueba de ello es la cantidad de lectores que ha generado.
-Cuando apareció la novela me comentaron en la editorial que cuando mucho iba a ser leída sólo por 5 mil personas, todas mayores de 60 años. La realidad ha sido distinta y la sorpresa es que la novela es leída sobre todo por los jóvenes. Me parece claro que hay un nuevo interés por conocer lo que hemos sido. Hoy que ya no estamos hipotecados por lo que sucedió antes podemos asumir que algunos de nuestros antepasados fueron fascistas: es una dura realidad, pero no puede ignorarse como si no hubiera existido. Si hablo de asimilar al pasado lo incluyo todo: ahí está comprendido el hecho de que los republicanos cometieron atrocidades, lo mismo que el Partido Comunista, y que hubo un descontrol generalizado al inicio de la Guerra Civil. Eso no significa decir, como señala la moda de la derecha, que todos eran iguales. En términos históricos no hay duda de que hubo un golpe de Estado fascista contra un régimen elegido democráticamente. Ahora bien, hace falta señalar que tanto los llamados buenos como los llamados malos eran humanos. En la novela busqué entender a un fascista, ponerme en su piel y saber por qué actuó de cierta manera.
-Es una posición que costará lo suyo mantener.
-Es la posición de un escritor que busca entender y la mantendré aunque en Alemania alguien me llamó revisionista. Para mí es una obligación desentrañar por qué un país como Alemania, tan culto y refinado, de repente se convirtió en un infierno colectivo. No basta con decir que Hitler era un loco, sino que es indispensable entenderlo. Hay que saber por qué una persona común y corriente como mi abuelo se hizo fascista y por qué Hitler era la moda en su momento. Además, entenderlo sin prejuicios para de verdad no repetirlo. Por eso no vale el olvido ni la venda en los ojos. En Soldados de Salamina pretendí comprender y no juzgar, busqué humanizar al monstruo, porque el malvado no es un monstruo sino un hombre que un buen día comete una atrocidad.
-Parece que ésa es la condición humana.
-Desde luego, lo raro entre nosotros es la bondad. Si no hubiera ciertas reglas, todos acabaríamos siendo Cavallos. Nadie lleva dentro un San Francisco de Asís, nadie. Alguien logra parecérsele a partir de esfuerzo, pero la naturaleza humana tiende al mal. Cuando era muy joven leí una frase de Gide que decía: ''Con los buenos sentimientos no se puede hacer buena literatura, lo interesante es el mal". Para mí eso es como la Biblia y hoy entiendo que lo habitual en la vida cotidiana es el mal; el bien es el milagro, lo misterioso y lo enigmático.er lectores es un hecho casi perfecto.
-Además de los viajes de promoción de la novela o de su trato con los medios, ¿qué le cambió el buen recibimiento de Soldados de Salamina?
-Me gustaría responder que nada, pero no es cierto, la realidad es que muchas personas esperan mi próximo libro para cortarme literariamente el cuello y algunos más para leerme. He trabajado toda mi vida en la universidad, apenas tenía contacto con los círculos literarios, conocía sólo a dos o tres escritores y escribía porque no era capaz de hacer otra cosa.
''Giorgio Manganelli decía escribir porque no sabía atarse las agujetas de los zapatos. Eso mismo me sucede: no soy arquitecto ni fotógrafo. Si no escribiera quizá habría sido un asesino en serie. Jamás pensé en el reconocimiento, nunca participé en un premio literario. Tener lectores es un hecho maravilloso, casi perfecto. Existe la presión, claro, ¿pero qué voy a hacer?''
-¿Qué hace?
-Escribo igual que siempre, si decepciono a quienes esperan un libro mío parecido a Soldados de Salamina, pues ni hablar. No voy a complacer a todo el mundo. El deber conmigo mismo es escribir de manera distinta siempre, porque de otra manera no hay progreso.

sábado, 29 de octubre de 2011

9. El hereje. Miguel Delibes

Sinópsis
Dedicada a "Valladolid, mi ciudad", la por ahora última novela publicada por M. Delibes, es, en sus propias palabras, la más "ambiciosa y compleja" de cuantas ha escrito.
El mismo año en que Lutero provoca el cisma de la Iglesia Romana, 1517, nace en Valladolid Cipriano Salcedo, hijo de un comerciante en lanas y comerciante y fabricante de ropas él mismo, que por razones más sentimentales y afectivas que de conciencia, se adhiere a la secta protestante fundada y dirigida en Valladolid por el Doctor Cazalla. La Inquisición corta de raíz este cisma, y condena a la hoguera a sus seguidores, entre ellos a Cipriano Salcedo.
La peripecia humana y espiritual de este hombre honesto -un perdedor más de la galería de personajes delibeanos-, sirve a Delibes para trazar una recreación magistral del Valladolid de la época de Carlos I, de sus gentes y costumbres, de la agitación política y religiosa del momento y, sobre todo, de la lucha del ser humano por alcanzar la verdad y por defender a toda costa su libertad de conciencia.


Edición recomendada 
Nº de páginas: 432 págs
Editorial: Destino
Lengua: Castellano
Encuadernación: Tapa blanda 
ISBN: 9788423340873 
Año edicón: 2008 
Plaza de edición: Barcelona


El autor
Miguel Delibes Setién. (Valladolid, 17 de octubre de 1920 - Valladolid, 12 de marzo de 2010). Novelista español. Doctor en Derecho y catedrático de Historia del Comercio; periodista y, durante años, director del diario El Norte de Castilla.
Su sostenida labor como novelista se inicia dentro de una concepción tradicional con La sombra del ciprés es alargada, que obtiene el Premio Nadal en 1948.
Publica posteriormente Aún es de día (1949), El camino (1950), Mi idolatrado hijo Sisí (1953), La hoja roja (1959) y Las ratas (1962), entre otras obras. En 1966 publica Cinco horas con Mario y en 1975 Las guerras de nuestros antepasados; ambas son adaptadas al teatro en 1979 y 1990, respectivamente. Los santos inocentes ve la luz en 1981 (y es posteriormente llevada al cine por Mario Camus); más adelante publica Señora de rojo sobre fondo gris (1991) y Coto de caza (1992), entre otras.
Su producción revela una clara fidelidad a su entorno, a Valladolid y al campo castellano, y entraña la observación directa de tipos y situaciones desde la óptica de un católico liberal. La visión crítica -que aumenta progresivamente a medida que avanza su carrera- alude sobre todo a los excesos y violencias de la vida urbana.
Entre los motivos de su obra destaca la perspectiva irónica frente a la pequeña burguesía, la denuncia de las injusticias sociales, la rememoración de la infancia (por ejemplo en El príncipe destronado, de 1973) y la representación de los hábitos y el habla propia del mundo rural, muchos de cuyos términos y expresiones recupera para la literatura.
Delibes es también autor de los cuentos de La mortaja (1970), de la novela corta El tesoro (1985) y de textos autobiográficos como Un año de mi vida (1972). En 1998 publica El hereje, una de sus obras más importantes de los últimos tiempos.
Considerado uno de los principales referentes de la literatura en lengua española, obtiene a lo largo de su carrera las más destacadas distinciones del ámbito literario: el Premio Nadal (1948), el Premio de la Crítica (1953), el Príncipe de Asturias (1982), el Premio Nacional de las Letras Españolas (1991) y el Premio Miguel de Cervantes (1993), entre otros.



Crítica literaria de Juan Manuel González (Delibros)

Esta obra es su texto más extenso y supone su primer acercamiento a la novela de ambientación histórica. Los hechos y protagonistas narrados están basados en hechos reales y cuenta el proceso y ejecución de un grupo de reformistas en el Valladolid de la Contrarreforma. A través de las peripecias vitales y espirituales de Cipriano Salcedo, Delibes dibuja un retrato de la Valladolid de la época de Carlos V.
El mismo año en que Lutero provoca el cisma de la Iglesia Romana, 1517, nace en Valladolid Cipriano Salcedo, hijo de un comerciante en lanas y comerciante y fabricante de ropas él mismo, que por razones más sentimentales y afectivas que de conciencia, se adhiere a la secta protestante fundada y dirigida en Valladolid por el Doctor Cazalla. La Inquisición corta de raíz este cisma y condena a la hoguera a sus seguidores, entre ellos a Cipriano Salcedo.
La peripecia humana y espiritual de este hombre honesto -un perdedor más de la galería de personajes delibeanos-, sirve a Delibes para trazar una recreación magistral del Valladolid de la época de Carlos I, de sus gentes y costumbres, de la agitación política y religiosa del momento y, sobre todo, de la lucha del ser humano por alcanzar la verdad y por defender a toda costa su libertad de conciencia.
Pero El hereje es también (o quizás sobre todo) una indagación sobre las relaciones humanas, es la historia de unos hombres y mujeres en lucha consigo mismos y con el mundo que les ha tocado vivir.
“El hereje es una novela en la que Delibes ha condensado buena parte de sus ideas y de las técnicas pulidas a través de su largo itinerario narrativo. Retoma su tradicional preocupación por la observación y defensa de los humillados y ofendidos, de aquellos que en toda latitud y en todo siglo son víctimas del poder, la incomprensión o la intolerancia. Y en esta línea, tal vez El hereje sea una gran metáfora universal, por encima del tiempo y del espacio, que entronca directamente incluso con alguno de los aspectos más sectarios y tristes de nuestro presente.
Esta intencionalidad ética relaciona esta novela con el resto de su obra, a la que también une la calidad y profundidad del trabajo estrictamente literario. Sin embargo, El hereje se diferencia y adquiere perfiles muy propios por al menos tres razones: es una novela histórica de una pieza, toma al maridaje entre la religión y el poder como uno de los ejes narrativos, y ofrece unos ribetes erótico-sociales poco frecuentes en el quehacer de Delibes. Género difícil, la novela histórica encuentra así un hueco en el patrimonio de nuestro escritor, y lo hace sin fisuras, siguiendo un modelo casi clásico; mientras la crítica de la coyunda política-religión se dibuja clara, y las contradicciones de la conducta social, la doble moral y la inclinación a las pasiones poco confesables son manejadas literariamente sin rebozo, por un autor siempre poco dado a los cuadros naturalistas.
Evidentemente hay más cosas en los hermosos y sopesados párrafos de El hereje, tanto en el ámbito de lo narrativo como en el fondo conceptual y reflexivo de esta novela. Entre otras, el cincelado de los personajes principales –la mayoría abocados a la traición o la cobardía-, la casi inexistencia de anacronismos en la expresión, y la percepción de que sólo la cultura, su extensión y profundización, pueden frenar el sectarismo, la represión, el miedo y el autoritarismo.
Pero esa meditación plural no se realiza dentro de un discurso desabrido, didáctico o deslizado hacia lo ensayístico, sino que tiene lugar en un molde argumental atractivo, rebosante de elementos propios de la narración y además expresado con un lenguaje lustrado, exacto, antiguo mas no arcaico, que sin necesidad de forzar a la magín –y sin raer de la memoria- nos reafirma una vez más que Miguel Delibes es garantía viva de la lengua castellana”



Texto seleccionado
Desde lo alto del borrico, Cipriano divisó las hileras de palos, las cargas de leña, a la vera, las escalerillas, las argollas para amarrar a los reos, las nerviosas idas y venidas de guardas y verdugos al pie. La multitud apiñada prorrumpió en gran vocerío al ver llegar los primeros borriquillos. Y al oír sus gritos, los que entretenían la espera a alguna distancia echaron a correr desalados hacia los postes más próximos. Uno a uno, los asnillos con los reos se iban dispersando, buscando su sitio. Cipriano divisó inopinadamente a su lado el de Pedro Cazalla, que cabalgaba amordazado, descompuesto por unas bascas tan aparatosas que los alguaciles se apresuraron a bajarle del pollino para darle agua de un botijo. Había que recuperarlo. Por respeto a los espectadores había que evitar quemar a un muerto. Luego, alzó la cabeza y volvió la vista enloquecida hacia el quemadero. Los palos se levantaban cada veinte varas, los más próximos al barrio de Curtidores para los reconciliados, y, los del otro extremo, para ellos, para los quemados vivos, por un orden previamente establecido: Carlos de Seso, Juan Sánchez, Cipriano Salcedo, fray Domingo de Rojas y Antonio Herrezuelo.



7. Un viejo que leía poemas de amor. Luis Sepúlveda

Sinópsis
Antonio José Bolívar Proaño vive en El Idilio, un pueblo remoto en la región amazónica de los indios shuar (mal llamados jíbaros), y con ellos aprendió a conocer la Selva y sus leyes, a respetar a los animales y los indígenas que la pueblan, pero también a cazar el temible tigrillo como ningún blanco jamás pudo hacerlo. Un buen día decidió leer con pasión las novelas de amor -«del verdadero, del que hace sufrir»- que dos veces al año le lleva el dentista Rubicundo Loachamín para distraer las solitarias noches ecuatoriales de su incipiente vejez. En ellas intenta alejarse un poco de la fanfarrona estupidez de esos codiciosos forasteros que creen dominar la Selva porque van armados hasta los dientes pero que no saben cómo enfrentarse a una fiera enloquecida porque le han matado las crías. Descritas en un lenguaje cristalino, escueto y preciso, las aventuras y las emociones del viejo Bolívar Proaño difícilmente abandonarán nuestra memoria. 


Edición recomendada
Número de páginas: 136
Editorial: Tusquets
Año de edición: 2009
ISBN: 978-84-8383-530-2
País edición: España



El autor 
Luis Sepúlveda nació en Ovalle, Chile, en 1949. Ha recorrido desde muy joven casi todos los territorios posibles de la geografía y las utopías, y de esa vida inquieta y agitada ha sabido dar cuenta, como dotadísimo narrador de historias, en apasionantes relatos y novelas. Es autor de la novela Un viejo que leía novelas de amor, traducida a numerosos idiomas, con ventas millonarias y llevada al cine con guión del propio Sepúlveda, bajo la dirección de Rolf de Heer y protagonizada por Richard Dreyfuss. Le siguieron Mundo del fin del mundo, un libro entre la investigación y la denuncia; Nombre de torero, su particular novela negra; Patagonia Express, un libro de viajes autobiográfico; Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar, una inteligente narración para niños, y dos recopilaciones de relatos: Desencuentros y Diario de un killer sentimental, seguido de Yacaré. Es también autor de La lámpara de Aladino..



6. El arte de la fuga. Sergio Pitol

Sinopsis
El personaje central de este libro se fuga de una celda para encontrarse prisionero en otra que podría ser el paraíso, aunque él se encargará de convertir ese Edén en un sitio irrisorio pero a la vez entrañable. 


Edición recomendada
Edición recomendada 
Nº de páginas: 306 
Editorial: Anagrama
Lengua: Castellano
Encuadernación: Tapa blanda 
ISBN: 978843391054X
Año edicón: 1997
Plaza de edición: Barcelona


El autor
Sergio Pitol Demeneghi escritor, traductor y diplomático mexicano nacido en Puebla, el 18 de marzo de 1933. Su vocación de escritor lo ha volcado hacia la promoción de los derechos humanos en México y al cuestionamiento de orientaciones políticas que coloquen al ser humano por debajo de la razón de Estado.
Se licenció en derecho en la UNAM, y ha sido titular de esa carrera en la UNAM, la Universidad Veracruzana, en Xalapa y en la Universidad de Bristol. Es miembro del Servicio Exterior mexicano desde 1960, para el que ha trabajado como Agregado Cultural en París, Varsovia, Budapest, Moscú y Praga (según sus propias declaraciones, su paso por Moscú afianzó en él su afición por la literatura rusa en general y por Tolstoi en particular).
Además ha tenido estancias de estudio y trabajo en Roma, Pekín y Barcelona. En esta última ciudad vivió entre 1969 y 1972 trabajando como traductor para varias editoriales, entre ellas Seix Barral, Tusquets y Anagrama (la cual publica sus obras en España). Ha escrito No hay tal lugar (1967), Infierno de todos (1971), Los climas (1972), El tañido de una flauta (1973), Asimetría (1980), Nocturno de Bujara (1981), Cementerio de tordos (1982), Juegos florales (1985), El desfile del amor (1985), Domar a la divina garza (1988), Vals de Mefisto (1989), La casa de la tribu (1989), La vida conyugal (1991) y El arte de la fuga (1996).
Pitol es también conocido por sus traducciones al español de novelas de autores clásicos en lengua inglesa, como Jane Austen, Joseph Conrad y Henry James, entre otros. Es premio Cervantes 2005.


La crítica de Marta Rivera de la Cruz
Es difícil encontrar un libro como la última producción literaria de Segio Pitol (México, 1933). Estamos ante un texto escrito desde el optimismo, desde la calma, desde el sosiego. Un libro que recuerda a quien lo lee que el mundo está lleno de lugares hermosos, de libros que merece la pena leer, de personajes interesantes, de rincones por descubrir, que hace caer en la cuenta que, como escribe el propio Pitol, "la vida es portentosa".
Pitol nos lanza de bruces y sin previo aviso a una geografía desordenada; es casi imposible trazar un mapa de este libro: las reflexiones y los escritos nos trasladan de Siena a Roma, de Roma a Varsovia, de Varsovia a Praga, a Venecia o a Chiapas, a la Barcelona de la "gauche divine"... en fin, a todos los lugares que forman parte del pasado cosmopolita del autor. Porque este libro es, de algún modo, la recuperación de un pasado al que se llega sin seguir otro itinerario que la carretera desordenada de la memoria. Con una generosidad sin límites, el autor recupera para el lector los instantes felices de otros tiempos. Sin embargo, las páginas no están construidas en función de la nostalgia: sólo hay recuerdos lúcidos, rescatados de un modo deliberado y consciente y no después de un súbito ataque de melancolía. De las palabras de Pitol se desprende una serenidad desconocida, y el lector no puede por menos que sentirse admirado de la capacidad del autor para defender a ultranza, pero sin ruido ni estridencias, los valores universales del respeto o la tolerancia. No hay lugar para la amargura, no hay lugar para los reproches. Este es el texto de un hombre que se encuentra en paz consigo mismo y con su propia historia, y que reconoce "este libro es en cierta manera una recopilación de desagravios y lamentaciones, un intento de apaciguar desasosiegos y cauterizar heridas".
El libro se divide en cuatro partes, que no me atrevo a llamar capítulos. En el primero de ellos, "Memoria", los recuerdos de Pitol reservan al lector muchas sorpresas agradables, nacidas muchas de ellas del inveterado optimismo del propio autor. Casi al principio del libro, por ejemplo, el retrato de una Venecia que el autor tiene que ver distorsionada: sufre de un defecto de visión y ha perdido sus gafas. Del contratiempo saca Pitol un motivo de regocijo: "Veía y no veía -escribe- captaba fragmentos de una realidad mutable (...) A medida que la niebla velaba aún más la visión de palacios, puentes y plazas, mi felicidad crecía". Es el descubrimiento de una realidad distinta, de una realidad sólo asequble a aquellos que se den la oportunidad de ver las cosas de un modo que no tiene por qué ser el habitual. Contemplar Venecia sin gafas es un modo de abordar la realidad desde otro ángulo, y preguntarse al fin cuál de las dos visiones (la distorsionada o la que aceptamos como real) puede considerarse mejor. Es el propio Pitol quien resuelve el dilema: "Todos los tiempos son en el fondo un tiempo único. Venecia comprende y está comprendida en todas las ciudades (...) Cada uno de nosotros es todos los hombres (... ) y sólo Venecia, con su absoluta individualidad, iba a revelarle ese secreto".
"Cada uno de nosotros es todos los hombres", escribe Pitol. De esa máxima nace quizá su tendencia a la generosidad, a la comprensión: no encontramos en el libro juicios de valor, ni de ninguna otra clase. Sólo capacidad y disposición para entender y asimilar todas las cosas, aún las más complicadas y las más divergentes. Es conmovedora la serenidad con que Pitol enfrenta un tema tan recurrente como angustioso: el paso del tiempo, que el autor encara con calma, sin dramatismos. Escribe Pitol: "Revisar el pasado significa, entre otras tristezas, contemplar un mundo que es y al mismo tiempo ha dejado de ser el mismo". Sin embargo, hay cierto deleite en esa revisión del pasado: "La memoria trabaja con la misma lógica oblicua y rebelde de los sueños. Hurga en los pozos ocultos y de ellos extrae visiones que, a diferencia de las de los sueños, son casi siempre placenteras".
Hay también en estas páginas de "Memoria" concesiones oníricas, como el ensayo "Sueños nada más" o el mismo "Vindicación de la hipnosis". Junto a estos textos, el autor nos regala unas páginas de un diario llevado durante su etapa en Barcelona y del que se desprende el proceso gradual del cambio de circunstancias que convierte una ciudad indeseable en aquella que no cambiaríamos "por ninguna otra ciudad del mundo".
La compilación de ensayos bajo el título "Escritura" constituyen un homenaje a las tareas de creación. Pitol escribe sobre el germen de las primeras historias, tan cierto como impreciso: "ese largo deambular desde unas cuantas imágenes perdidas en la memoria hasta su fijación en el papel sigue constituyendo para mí un misterio"; el humilde reconocimiento de la angustia del autor ante la crítica: "Me agrada -escribe Pitol- imaginar a un autor a quien ser demolido por la crítica no le amedrentara..." El escritor ofrece también lo que podría considerarse una definición del novelista: "Un novelista es alguien que oye voces a través de las voces (...) Con ellas va trazando el mapa de su vida. Sabe que cuando ya no pueda hacerlo le llegará la muerte, no la definitiva, sino la muerte en vida, la hibernación, la parálisis, lo que es infinitamente peor", y también una defensa encendida de la novela, de la que escribe "Hoy vive uno de sus grandes momentos".
Si a lo largo de las páginas las menciones a otros autores son interminables (de Borges a Gombrowitz, de María Zambrano a Carlos Fuentes, de Shakespeare a Cervantes...), en la tercera parte del libro, "Lecturas", Sergio Pitol se centra definitivamente en las obras de otros maestros: se trata de una serie de ocho ensayos literarios sobre distintas obras de autores diferentes, que revela más a un excelente lector que a un crítico a secas. Pitol pretende ir mucho más allá de la crítica literaria: su intención no es la de diseccionar un libro, sino sencillamente comprenderlo y hacerlo comprensible, entender a sus personajes, justificar los motivos que los impulsan a actuar y, sobre todo, demostrar por qué razón los grandes son grandes. Lo cual, viniendo de alguien que también ejerce el oficio de escritor, es una muestra más de la inmensa generosidad de Sergio Pitol.
La última parte del libro, "Viaje a Chiapas" constituye, como indica su título, el relato de la visita del autor a la zona del conflicto. De él se ofrece una visión conciliadora, una perspectiva lúcida orquestada en la capacidad para escuchar y en la necesidad de comprender posturas contrapuestas y de asimilar no sólo las distintas vertientes del conflicto, sino la imagen caleidoscópica de las culturas de los indios mejicanos. Pitol cierra el libro con unas líneas emotivas: "si bien es cierto que vivimos tiempos crueles, también es cierto que estamos en tiempo de prodigios".

 

5. El amor en tiempos del cólera. Gabriel García Márquez

Sinópsis
De jóvenes, Florentino Ariza y Fermina Daza se enamoran apasionadamente, pero Fermina eventualmente decide casarse con un médico rico y de muy buena familia. Florentino está anonadado, pero es un romántico. Su carrera en los negocios florece, y aunque sostiene 622 pequeños romances, su corazón todavía pertenece a Fermina. Cuando al fin el esposo de ella muere, Florentino acude al funeral con toda intención. A los cincuenta años, nueve meses y cuatro días de haberle profesado amor a Fermina, lo hará una vez más.
Con sagacidad humorística y depurado estilo, García Márquez traza la historia excepcional de un amor que no ha sido correspondido por medio siglo. Aunque nunca parece estar propiamente contenido, el amor fluye a través de la novela de mil maneras –alegre, melancólico, enriquecedor, siempre sorprendente-.


Edición recomendada 
Nº de páginas: 504 págs. 
Editorial: Mondadori
Lengua: Castellano
Encuadernación: Tapa blanda 
ISBN: 9788439703853 
Año edicón: 1999 
Plaza de edición: Barcelona



El autor
scritor, periodista y premio Nobel colombiano. Nació en Aracataca y se formó inicialmente en el terreno del periodismo. Fue redactor de El Universal, un periódico de Cartagena de Indias durante 1946, de El Heraldo en Barranquilla entre 1948 y 1952, y de El Espectador en Bogotá a partir de 1952. Entre 1959 y 1961, trabajó para la agencia cubana de noticias, La Prensa, en su país, en la Habana y en Nueva York. Debido a sus ideas políticas izquierdistas, se enfrentó con el dictador Laureano Gómez y con su sucesor, el general Gustavo Rojas Pinilla, y hubo de pasar las décadas de 1960 y 1970 en un exilio voluntario en México y España. Sus novelas más conocidas son Cien años de soledad (1967), que narra en tono épico la historia de una familia colombiana, y en la cual se pueden rastrear las influencias estilísticas del novelista estadounidense William Faulkner, y El otoño del patriarca (1975), en torno al poder y la corrupción políticos. Crónica de una muerte anunciada (1981) es la historia de un asesinato en una pequeña ciudad latinoamericana, mientras que El amor en los tiempos del cólera (1985) es una historia de amor que se desarrolla también en Latinoamérica. El general en su laberinto (1989), por otro lado, es una narración ficticia de los últimos días del revolucionario y hombre de estado Simón Bolívar. También es autor de varios libros de cuentos como La increíble y triste historia de Eréndira y de su abuela la desalmada (1972) o Doce cuentos peregrinos (1992). García Márquez ha despertado admiración en numerosos países occidentales por la personalísima mezcla de realidad y fantasía que lleva a cabo en sus obras narrativas, situadas siempre en Macondo, una imaginaria ciudad de su país. Su última obra publicada, Noticia de un secuestro (1996), es un reportaje novelado sobre el narcoterrorismo colombiano. Recibió el Premio Nobel de Literatura en 1982 y fue formalmente invitado por el gobierno colombiano a regresar a su país, donde ejerció de intermediario entre el gobierno y la guerrilla a comienzos de la década de los ochenta.  © eMe


Texto seleccionado
Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino
de los amores contrariados. El doctor Juvenal Urbino lo percibió desde que entró en la
casa todavía en penumbras, adonde había acudido de urgencia a ocuparse de un caso
que para él había dejado de ser urgente desde hacía muchos años. El refugiado antillano
Jeremiah de Saint-Amour, inválido de guerra, fotógrafo de niños y su adversario de
ajedrez más compasivo, se había puesto a salvo de los tormentos de la memoria con un
sahumerio de cianuro de oro.
Encontró el cadáver cubierto con una manta en el catre de campaña donde había
dormido siempre, cerca de un taburete con la cubeta que había servido para vaporizar el
veneno. En el suelo, amarrado de la pata del catre, estaba el cuerpo tendido de un gran
danés negro de pecho nevado, y junto a él estaban las muletas. El cuarto sofocante y
abigarrado que hacía al mismo tiempo de alcoba y laboratorio, empezaba a iluminarse
apenas con el resplandor del amanecer en la ventana abierta, pero era luz bastante para
reconocer de inmediato la autoridad de la muerte. Las otras ventanas, así como cualquier
resquicio de la habitación, estaban amordazadas con trapos o selladas con cartones
negros, y eso aumentaba su densidad opresiva. Había un mesón atiborrado de frascos y
pomos sin rótulos, y dos cubetas de peltre descascarado bajo un foco ordinario cubierto
de papel rojo. La tercera cubeta, la del líquido fijador, era la que estaba junto al cadáver.
Había revistas y periódicos viejos por todas partes, pilas de negativos en placas de vidrio,
muebles rotos, pero todo estaba preservado del polvo por una mano diligente. Aunque el
aire de la ventana había purificado el ámbito, aún quedaba para quien supiera
identificarlo el rescoldo tibio de los amores sin ventura de las almendras amargas. El
doctor Juvenal Urbino había pensado más de una vez, sin ánimo premonitorio, que aquel
no era un lugar propicio para morir en gracia de Dios. Pero con el tiempo terminó por
suponer que su desorden obedecía tal vez a una determinación cifrada de la Divina
Providencia.

2. El rayo que no cesa. Miguel Hernández

Sinópsis
Poeta singular cuya figura se ha engrandecido hasta la categoría de mito, Miguel Hernánez (1910-1942) sólo alcanzó a ver publicado en vida El rayo que no cesa, que salió de las prensas pocos meses antes del estallido de la Guerra Civil. Poemario amoroso impregnado de fuerza, la obra, única del autor cuya distribución y venta toleró en la posguerra el régimen franquista, no tardó en convertirse, tanto por su valor intrínseco como por el simbólico que inmediatamente llevó aparejado, en un libro emblemático.
«El rayo que no cesa -escribe Jorge Urrutia en el excelente prólogo que acompaña al texto- es un libro mayor, no sólo en la obra de Miguel Hernández, sino de la poesía española del siglo xx. Un libro en el que el poeta sabe aunar y personalizar las influencias clásicas y modernas… Un libro que provoca desde el principio la simpatía, la implicación del lector, por la propia aventura de su textualidad pero, también, por la atracción que ejerce un poeta perseguido siempre por un clima trágico.»


Edición recomendada 
Nº de páginas: 80 págs. 
Editorial: Alianza Editorial
Lengua: Castellano
Encuadernación: Tapa blanda bolsillo 
ISBN: 9788420669090 
Año edición: 2010 
Plaza de edición: Madrid


El autor
Poeta y dramaturgo español nacido en Orihuela (Alicante). Manifiesta en sus obras un hondo sentido de la tragedia y una sensibilidad muy propia del siglo XX, empleando para ello las formas líricas españolas tradicionales. La poesía de Miguel Hernández se caracteriza por su intenso lirismo, tanto en su primera colección de poemas, sumamente elaborados, Perito en lunas (1933), como en los sonetos de corte clásico de El rayo que no cesa. Sus poemas tratan principalmente del amor, la muerte, la guerra y la injusticia, temas que conoció y experimentó con intensidad. Comunista desde los 26 años, luchó en el bando republicano durante la Guerra Civil española. Fue condenado a muerte por los fascistas victoriosos, pero, tras las airadas protestas que provocó esta condena, se le conmutó la sentencia por cadena perpetua. Durante su estancia en prisión escribió Cancionero y romancero de ausencias (1958), una serie de poemas dedicados a su esposa, que vivía en condiciones miserables. Murió en prisión a la edad de 31 años.  © eMe



El testimonio de Pablo Neruda

'Uno de los amigos de Federico y Rafael era el joven poeta Miguel Hernández. Yo lo conocí cuando llegaba de alpargatas y pantalón campesino de pana desde sus tierras de Orihuela, en donde había sido pastor de cabras. Yo publiqué sus versos en mi revista Caballo Verde y me entusiasmaba el destello y el brío de su abundante poesía.
Miguel era tan campesino que llevaba un aura de tierra en torno a él. Tenía una cara de terrón o de papa que se saca de entre las raíces y que conserva frescura subterránea. Vivía y escribía en mi casa. Mi poesía americana, con otros horizontes y llanuras, lo impresionó y lo fue cambiando.
Me contaba cuentos terrestres de animales y pájaros. Era ese escritor salido de la naturaleza como una piedra intacta, con virginidad selvática y arrolladora fuerza vital. Me narraba cuán impresionante era poner los oídos sobre el vientre de las cabras dormidas. Así se escuchaba el ruido de la leche que llegaba hasta las ubres, el rumor secreto que nadie ha podido escuchar sino aquel poeta de cabras.
Otras veces me hablaba del canto de los ruiseñores. El Levante español, de donde provenía, estaba cargado de naranjos en flor y de ruiseñores. Como en mi país no existe ese pájaro, ese sublime cantor, el loco de Miguel quería darme la más viva expresión plástica de su poderío. Se encaramaba a un árbol de la calle y, desde las más altas ramas, silbaba o trinaba como sus amados pájaros natales.
Como no tenía de qué vivir le busqué un trabajo. Era duro encontrar trabajo para un poeta en España. Por fin un vizconde, alto funcionario del Ministerio de Relaciones, se interesó por el caso y me respondió que sí, que estaba de acuerdo, que había leído los versos de Miguel, que lo admiraba, y que éste indicara qué puesto deseaba para extenderle el nombramiento. Alborozado dije al poeta:
- Miguel Hernández, al fin tienes un destino. El vizconde te coloca. Serás un alto empleado. Dime que trabajo deseas ejecutar para que decreten tu nombramiento.
Miguel se quedó pensativo. Su cara de grandes arrugas prematuras se cubrió con un velo de cavilaciones. Pasaron las horas y sólo por la tarde me contestó. Con ojos brillantes del que ha encontrado la solución de su vida, me dijo:
-¿No podría el vizconde encomendarme un rebaño de cabras por aquí cerca de Madrid?
El recuerdo de Miguel Hernández no puede escapárseme de las raíces del corazón. El canto de los ruiseñores levantinos, sus torres de sonido erigidas entre la oscuridad y los azahares, eran para él presencia obsesiva, y eran parte del material de su sangre, de su poesía terrenal y silvestre en la que se juntaban todos los excesos del color, del perfume y de la voz del Levante español, con la abundancia y la fragancia de una poderosa y masculina juventud.
Su rostro era el rostro de España. Cortado por la luz, arrugado como una sementera, con algo rotundo de pan y de tierra. Sus ojos quemantes, ardiendo dentro de esa superficie quemada y endurecida al viento, eran dos rayos de fuerza y de ternura.
Los elementos mismos de la poesía los vi salir de sus palabras, pero alterados ahora por una nueva magnitud, por un resplandor salvaje, por el milagro de la sangre vieja transformada en un hijo. En mis años de poeta, y de poeta errante, puedo afirmar que la vida no me ha dado contemplar un fenómeno igual de vocación y de eléctrica sabiduría verbal. 



El poema recomendado
Elegía
Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento.
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.
Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.