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sábado, 29 de octubre de 2011

12. Si te dicen que caí. Juan Marsé

Sinópsis
Es una de las obras más personales de su autor, pues, según el propio Marsé, al escribirla sólo pensaba en los anónimos vecinos de un barrio pobre que ya no existe en Barcelona, en los furiosos muchachos de la postguerra que compartieron con él las calles leprosas y los juegos atroces, el miedo, el hambre y el frío, en su propia infancia y adolescencia. La novela está compuesta por voces diversas, contrapuestas y hasta contradictorias, voces que rondan la impostura y el equívoco, que tejen y destejen una espesa trama de signos y referencias y un ambiguo sistema de ecos y resonancias. 


Edición recomendada
Nº de páginas: 336 págs. 
Editorial: Fondo de Cultura Económica de España
Lengua: Castellano
Encuadernación: Tapa dura 
ISBN: 9788437506289 
Año edicón: 2009 
Plaza de edición: Madrid


El autor
Escritor español,  considerado uno de los grandes narradores españoles contemporáneos, varias de sus novelas han sido llevadas al cine y en el año 2008 su carrera literaria fue reconocida al serle concedido el máximo galardón de las letras hispanas, el Premio Cervantes. 
Marsé nació en Barcelona en 1933 y creció entre sus calles que luego configurarían gran parte del universo de sus obras. Abandonó pronto los estudios formales para comenzar a trabajar como aprendiz en un estudio de joyería.
Dio sus primeros pasos literarios en la revista Ínsula, al mismo tiempo que continuaba con su trabajo en el mundo de la joyería. Con Encerrados con un sólo juguete, se presenta al Biblioteca Breve, donde queda finalista. 
Animado por Gil de Biedma Marsé se instala en París en 1960 y sigue trabajando en sus novelas mientras hace de traductor y trabaja como ayudante en el Instituto Pasteur. De vuelta a Barcelona tres años después, publicaría Últimas tardes con Teresa, ganador del Biblioteca Breve.
Decidido a ganarse la vida sólo con la literatura,  combina la narrativa con textos publicitarios y la escritura de diálogos para otros guionistas. Poco después tendría su primer encontronazo serio con la censura franquista al ser prohibida la publicación de Si te dicen que caí.
Logró una mayor popularidad a partir de los años 70 gracias a su colaboración con la revista Por Favor y se mantuvo a base de pequeños trabajos poco reconocidos hasta que en 1978 logra dar el salto a la primera línea de las letras con La muchacha de las bragas de oro, novela ganadora del Planeta.
Tras varios problemas graves de salud, lograría nuevos éxitos en la década de los 90 con títulos como El amante bilingüe -otra de sus obras llevadas al cine- o El embrujo de Shanghai, libros que dieron el salto al mercado internacional con un gran éxito.
Con Rabos de lagartija logró un nuevo éxito de crítica y ya en la primera década de 2000 se recuperaron todos sus cuentos y relatos cortos.
Marsé ha recibido numerosos premios y galardones, como el Ateneo de Sevilla, el Nacional de la Crítica en 2001, el Juan Rulfo en 1997, el Cervantes en 2008, el Planeta de 1978 y el Biblioteca Breve de 1965, entre otros muchos.
 

Reseña de Antoni Munné, en El Viejo Topo, No. 2, noviembre, 1976.
"Hay libros que parecen decirlo todo, hasta lo más bajo y cruel; libros profundamente escatológicos, con la ambigüedad y bivalencia de este término en castellano: libros que hablan de nuestro destino hablando de nuestros excrementos físicos y morales. "Si te dicen que caí" es uno de estos libros asombrosos, que, repentinamente, nos enfrentan contra nuestra propia suciedad individual y colectiva. Ya no se podrá escribir la historia de nuestra posguerra sin hablar de este libro poético y cruel al mismo tiempo, un canto de amor desgarrado, un relato profundamente terrestre, repleto de sangre, de violencia, de sexo, cuya claridad raya en la insolencia, cuya crueldad nos habla de nuestra propia carne miserable". Rafael Conte en "Ínsula", No. 346, 1976?.
"Si te dicen que caí" supone, no diremos un techo, pero sí una cota importante en la génesis y el desarrollo que de la novela como proyecto tiene su autor. Yendo mucho más lejos que en sus anteriores obras, si bien recogiendo el fruto lógico de la conjunción de aciertos de todas ellas, Marsé construye un sugestivo y soberbio armazón (genuinamente apto para mantener el interés del lector) desde donde el argumento -motor fundamental en este tipo de estructuras narrativas- se desenvuelve sustancialmente dando pruebas de un dominio magistral del 'oficio' -la elaboración de la escritura- y aprovechando las valiosas enseñanzas de tipologías textuales tan dispares como las de la novela policiaca, el discurso erótico y la escritura cinematográfica.


8. La casa encendida. Luis Rosales

Sinópsis
Esta obra de Luis Rosales es, ain duda, una de las imprescondibles de la poesía española de la posguerra, y representa, según Luis Felipe Vivanco, "el acercamiento de la memoria a la palabra del alma".
La primera versión del texto fue publicada en 1949 por Cultura Hispánica. En la edición que proponemos aparecen las variantes introducidas por el poeta en la segunda versión de 1967 así como un apéndice en el que se reproduce íntegro el nuevo final que Rosales incorporó a la cuarta pared en la segunda versión.


Edición recomendada 
Nº de páginas: 93 págs. 
Editorial: Denes
Lengua: Castellano
Encuadernación: Tapa blanda 
ISBN: 9788495802224 
Año edicón: 2003 
Plaza de edición: Guadalajara


El autor
Luis Rosales Camacho. (Granada, 31 de mayo de 1910 - Madrid, 24 de octubre de 1992). Poeta español de la Generación del 36.
Estudia Filosofía, Letras y Derecho en la Universidad de Granada. En 1930 se traslada a Madrid para continuar sus estudios y entabla allí amistad con los garcilasistas Luis Felipe Vivanco, Leopoldo Panero, Dionisio Ridruejo y José García Nieto. Pronto se convierte en la cabeza de la Generación del 36 y en uno de los máximos exponentes de la denominada "poesía arraigada".
Publica sus primeros poemas en las revistas Los cuatro vientos, Cruz y raya, Vértice y El gallo. En Madrid publica un libro de poesía amorosa, Abril, donde se refleja la influencia de Garcilaso de la Vega en el poeta. Parte de su obra comienza a publicarse también en la revista Caballo verde, fundada por Pablo Neruda y que recoge trabajos de otros poetas como Vicente Aleixandre o Miguel Hernández.
En 1937 colabora en la revista Jerarquía y varios años más tarde, es secretario de la revista Escorial. En 1949 publica La casa encendida y en 1979 Diario de una resurrección, ambas consideradas sus obras cumbre.
Desde 1953 hasta 1965 dirige la revista Estafeta literaria, que es posteriormente continuada por Nueva estafeta (1978-1982). Durante estos años se doctora en Filosofía.
Estudioso de los manuscritos del Siglo de Oro español, pasa a formar parte de la Hispanic Society of America y en 1962 ingresa como miembro de número en la Real Academia Española. En 1982 recibe el Premio Miguel de Cervantes como reconocimiento a toda su obra.


El testimonio de Luis María Anson
“La orden de asesinar a Federico la provocó el gobernador Valdés pero la dio Queipo de Llano, es decir, el Ejército. He callado durante muchos años por razones evidentes pero ha llegado el momento de hablar”, me dijo Luis Rosales en 1969, en su casa de Cercedilla, cuando caía el atardecer plácido y para siempre sobre los cielos inacabables. Allí, en el cementerio de aquel pueblecito de la sierra madrileña, fue enterrado una mañana triste de primavera.
Dirigía yo el ABC dominical en esa época y le propuse al poeta organizar uno de los coloquios que celebrábamos en el despacho del fundador del periódico. Le pareció de perlas. Estaba dispuesto a hablar y a polemizar. Tras dos horas de conversación con Ruiz Alonso, le convencí para que viniera. Luis aportó a su hermana Carmen que atendió a Lorca hasta el final y al dueño del automóvil en que trasladaron al poeta hasta el calvario de Víznar. Hablé con Aquilino Morcillo, director entonces de Ya. En 1936 era subdirector del Ideal de Granada y jefe de Ruiz Alonso. Me dijo que sí con gran generosidad. También José Caballero, el gran amigo de Federico. Cuando todo estaba preparado, se descolgó Ruiz Alonso. Me llamó contrito para decirme que no se atrevía a ir, que mejor no remover las cosas. Alguien le había hablado, sin duda. Rosales entendió bien a pesar suyo que, sin Ruiz Alonso, lo mejor era suspender el coloquio.
Pero lo que publicamos entonces y, sobre todo, su conducta intachable, robustecida por la inmensa mayoría de las biografías lorquianas, dejaron a Luis Rosales limpio de cualquier culpa en el asesinato de Federico García Lorca. Aún más. Ha quedado demostrado que mantuvo una actitud digna y valerosa en favor del poeta, jugándose la vida en su defensa durante aquellos días inciertos y terribles de la guerra incivil.
Octavio Paz, Luis Rosales y yo solíamos reunirnos a cenar y recitábamos después versos hasta las cuatro de la madrugada. Octavio, árbol adentro, era la claridad de la inteligencia y una cultura prodigiosa. Luis estaba impregnado de poesía. Los versos, sobre todo los clásicos, se desgranaban en aquellas noches de vino y rosas para ellos, de coca-cola y lirios maduros para mí. Porque “la brisa era en el mar un niño ciego”. La poesía intimista le envolvía a Luis, como una carta entera, que Octavio leía, iluminada por el fulgor de su inteligencia.
No compartía Luis la escasa valoración que Paz tenía de Pablo Neruda. Por el contrario le había instalado a la cabeza de la poesía del siglo XX. No aceptaba la cicatería del poeta chileno en Confieso que he vivido con Delia del Carril. Conocí yo a La Hormiga cuando tenía 101 años. La visité en Santiago acompañado por María Angélica Bulnes. Pero ésa es otra historia. Luis Rosales me pidió que organizara una cena con Matilde Urrutia, mi gran amiga, fallecido ya Pablo. La acosó a preguntas hasta que reconoció que había suprimido de Confieso que he vivido un capítulo dedicado a Delia del Carril. Luis Rosales ocupa un lugar de relieve en la poesía española del siglo XX. Sus versos no han perdido ni aliento ni fuerza. Son “nieve recién caída, nieve que está cayendo”, poesía encendida, poesía intimista, en la casa que compartió con María, allí donde se esponja el contenido del corazón.
Falangista de primera hora, Luis Rosales se revolvió contra las censuras del régimen dictatorial, fue después miembro destacado del Consejo Privado de Juan III y escribió su gran libro, Cervantes y la libertad, para demostrar sutilmente en dónde estaba alineado. Se ganó el respeto de todos, dentro y fuera de España. Me consta que Octavio Paz y Pablo Neruda le tenían en máxima estima.
Cuando ganó el premio Mariano de Cavia en 1959, Luis Calvo, el director de ABC que era a veces de hierro, a veces de seda, me dijo: “No le pierdas de vista. Humana y poéticamente es hombre de gran calidad”. Se me emborronan ahora los puntos de la pluma al recordar tantos años de amistad y conversaciones con aquel escritor que vivía entre el temor y el temblor de la poesía encendida.



Poesía seleccionada
Porque todo es igual y tu lo sabes,
has llegado a tu casa y has cerrado la puerta
con aquel mismo gesto con que se tira un día,
con que se quita la hoja atrasada al calendario

cuando todo es igual y tú lo sabes.
Has llegado a tu casa,
y, al entrar,
has sentido la extrañeza de tus pasos
que estaban ya sonando en el pasillo antes de que llegaras,
y encendiste la luz, para volver a comprobar
que todas las cosas están exactamente colocadas, como estarán dentro de un año,
y después,
te has bañado, respetuosa y tristemente, lo mismo que un suicida,
y has mirado tus libros como miran los árboles sus hojas,
y te has sentido solo,
humanamente solo,
definitivamente solo porque todo es igual y tú lo sabes.