Sinópsis
En esta obra fundamental para el desarrollo de la corriente modernista en el ámbito de las letras hispanas Darío aportó una nueva sensibilidad y una diferente concepción
del arte, al tiempo que demostraba una extraordinaria capacidad para
apropiarse y transformar en sustancia propia las influencias más
variadas. Animada por una decidida voluntad de renovar la poesía castellana del momento, Azul…, que inició la renovación modernista que había de culminar en «Prosas profanas» (L 5325) y «Cantos de vida y esperanza»
(L 5332), tuvo una rápida repercusión en los países de habla hispana y
supuso un fortísimo estímulo para los escritores de la segunda
generación del modernismo hispanoamericano. A cargo de Arturo Ramoneda,
la presente edición incorpora textos que figuran en la primera de la
obra (Valparaíso, 1888) pero que se suprimieron en las posteriores, así
como los textos, en español y en francés, que Darío añadió en la segunda (Guatemala, 1890). Se completa además con un apéndice y una completa y esclarecedora introducción.
Edición Recomendada
Nº de páginas: 586 págs.
Editorial: Universidad de Alcalá de Henarés
Lengua: Castellana
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788481387872
Año edicón: 2008
Plaza de edición: Alcalá de Henares
El autor
Félix Rubén García Sarmiento, conocido como Rubén Darío, Poeta,
periodista y diplomático.Considerado por muchos eruditos como el
Príncipe de las letras castellanas. Es el más sobresaliente de los
poetas nicaragüenses. Nació en Metapa, hoy Ciudad Darío, en Matagalpa, Nicaragua el 18 de enero de 1867. A
la edad de 14 años su abuela lo llevó a Managua, donde pronto se le
conoció como erudito, escritor, y artista prodigio, que poseía una
superdotada memoria, gozaba de una creatividad y retentiva genial. Era sólo un adolescente cuando ya leía a los poetas franceses, y era
invitado a recitar poesía.A la edad de doce años, publicó sus primeros
poemas "La Fé", "Una Lagrima" y "El Desengaño".
Como diplomático, viajó por Europa y América en calidad de cónsul y
embajador de su país. Permaneció largas temporadas en Buenos Aires,
París y Palma de Mallorca.
Trabajó en la Biblioteca Nacional de Managua; donde estudió las nuevas
corrientes poéticas europeas. Llegó a Santiago de Chile en 1886, lugar
donde consolidó su cultura literaria.
En 1887 publicó tres libros de poemas "Abrojos", "Canto épico a las
glorias de Chile" y "Rimas". Al año siguiente, saldría a la luz
"Azul...". Todas estas obras, sentarían las bases del modernismo y
llamarían la atención de todas las críticas, especialmente del escritor
español Juan Valera y del uruguayo José Enrique Rodó. Regresó a Nicaragua y se casó en 1891 con Rafaela Contreras, quien moriría 2 años más tarde después de tener su primer hijo.
A Rúben Dario se le reconoce como jefe de filas del movimiento
modernista, y Padre del modernismo por sus contemporáneos los más
prestigiosos escritores de España e Ibero América.Rubén Darío, hito de la literatura en la lengua española, favoreció el
encuentro entre la literatura en español de ambos lados del Atlántico.
Junto a Gustavo Adolfo Bécquer inició la recuperación de la poesía
española que acabaría en la generación del 27 y daría figuras como Juan
Ramón Jiménez.
Poesía seleccionada
Pensamiento de otoño
Huye el año a su término
Como arroyo que pasa,
Llevando del poniente
Luz fugitiva y pálida.
Y así como el del pájaro
Que triste tiende el ala,
El vuelo del recuerdo
Que al espacio se lanza
Languidece en lo inmenso
Del azul por do vaga.
Huye el año a su término
Como arroyo que pasa.
Un algo de alma aún yerra
Por los cálices muertos
De las tardes volúbiles
Y los rosales trémulos.
Y, de luces lejanas
Al hondo firmamento,
En alas del perfume
Aún se remonta un sueño.
Un algo de alma aún yerra
Por los cálices muertos.
Canción de despedida
Fingen las fuentes túrbidas.
Si te place, amor mío,
Volvamos a la ruta
Que allá en la primavera
Ambos, las manos juntas,
Seguimos, embriagados
De amor y de ternura,
Por los gratos senderos
Do sus ramas columpian
Olientes avenidas
Que las flores perfuman.
Canción de despedida
Fingen las fuentes turbias.
Un cántico de amores
Brota mi pecho ardiente
Que eterno abril fecundo
De juventud florece.
¡Qué mueran, en buen hora,
Los bellos días! Llegue
Otra vez el invierno;
Renazca áspero y fuerte.
Del viento entre el quejido,
Cual mágico himno alegre,
Un cántico de amores
Brota mi pecho ardiente.
Un cántico de amores
A tu sacra beldad,
¡Mujer, eterno estío,
Primavera inmortal!
Hermana del ígneo astro
Que por la inmensidad
En toda estación vierte
Fecundo, sin cesar,
De su luz esplendente
El dorado raudal.
Un cántico de amores
A tu sacra beldad,
¡Mujer, eterno estío
Primavera inmortal!
Como arroyo que pasa,
Llevando del poniente
Luz fugitiva y pálida.
Y así como el del pájaro
Que triste tiende el ala,
El vuelo del recuerdo
Que al espacio se lanza
Languidece en lo inmenso
Del azul por do vaga.
Huye el año a su término
Como arroyo que pasa.
Un algo de alma aún yerra
Por los cálices muertos
De las tardes volúbiles
Y los rosales trémulos.
Y, de luces lejanas
Al hondo firmamento,
En alas del perfume
Aún se remonta un sueño.
Un algo de alma aún yerra
Por los cálices muertos.
Canción de despedida
Fingen las fuentes túrbidas.
Si te place, amor mío,
Volvamos a la ruta
Que allá en la primavera
Ambos, las manos juntas,
Seguimos, embriagados
De amor y de ternura,
Por los gratos senderos
Do sus ramas columpian
Olientes avenidas
Que las flores perfuman.
Canción de despedida
Fingen las fuentes turbias.
Un cántico de amores
Brota mi pecho ardiente
Que eterno abril fecundo
De juventud florece.
¡Qué mueran, en buen hora,
Los bellos días! Llegue
Otra vez el invierno;
Renazca áspero y fuerte.
Del viento entre el quejido,
Cual mágico himno alegre,
Un cántico de amores
Brota mi pecho ardiente.
Un cántico de amores
A tu sacra beldad,
¡Mujer, eterno estío,
Primavera inmortal!
Hermana del ígneo astro
Que por la inmensidad
En toda estación vierte
Fecundo, sin cesar,
De su luz esplendente
El dorado raudal.
Un cántico de amores
A tu sacra beldad,
¡Mujer, eterno estío
Primavera inmortal!



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